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La Torre de Hercules

Kirk Douglas vuelve al teatro.

Desde El Pais. Parafraseando al cantante, los viejos actores nunca mueren:

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ROCÍO AYUSO - Los Ángeles - 06/03/2009

 

Tiene 92 años, lleva cinco alejado de Hollywood y todavía sufre secuelas de la embolia que en 1996 le afectó seriamente al habla. Pero hoy Kirk Douglas se subirá una vez más a los escenarios en Los Ángeles con Before I forget (Antes de que olvide), un monólogo de 90 minutos que él mismo escribió sobre su vida.

Douglas hablará de Espartaco, Cautivos del mal, El loco del pelo rojo y los otros tipos duros que interpretó. Pero sobre todo su monólogo se centra en el más duro de todos ellos, el propio Douglas, quien contra todo pronóstico se mantiene vivo y coleando en una industria de jóvenes.

"Con la obra estoy haciendo algo por mí, pero al mismo tiempo estoy haciendo algo por los demás", comentó al diario Los Angeles Times. Las entradas para las cuatro únicas funciones que hará el actor en una sala de 317 butacas se acabaron en cuanto salieron a la venta. Una taquilla reducida porque tenían preferencia los socios del teatro Kirk Douglas donde se celebran las representaciones, una sala que lleva su nombre porque el actor y productor la rescató del olvido hace siete años, cuando donó 2,5 millones de dólares para su transformación.

También ha vaciado sus bolsillos en otras obras benéficas como las destinadas al Instituto Northridge o la Universidad St. Lawrence, donde estudió, además de crear más de 400 parques infantiles.

Sus problemas de salud también forman parte del argumento de su último libro, Stroke of Luck. "Cuando sufrí la embolia vi las cosas de otra forma. Mi show muestra cómo veo las cosas ahora, lo que me ha pasado y cómo me ha afectado, bueno y malo", confesó el actor a los medios. Una de las cosas que han pasado es que se ha vuelto un "blando", como bromea con él su hijo, el también actor y productor Michael Douglas.

El intérprete que se enfrentó a la lista negra que tenía vetados a liberales y simpatizantes del Partido Comunista durante la caza de brujas del maccartismo asegura que nunca había caído en la cuenta de la dureza que irradiaba su persona antes de su enfermedad. Pero su orgullo de actor no ha desaparecido. La obra no es un acto de autocomplacencia y espera que la crítica se acerque a ver su trabajo. "

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