General
Vista de la Ria.
Ah, el respeto hacia los carteles hospitalarios.
Por cierto, hola a todos.
Despues de 15 dias de vacaciones blogueras, aqui estoy de nuevo, listo para seguir dando la lata. Un saludo a todos mis lectores.
Cafeteria nueva en el Juan Canalejo.
Ayer se inauguro la nueva cafeteria del Juan Canalejo. Situada en la cuarta planta, en el edificio nuevo, esta decorada con fotografias de atardeceres coruñeses. Tiene un televisor y una seccion de autoservicio. ¿Los precios? Desde los 80 centimos de un cafe doble ( ey, ZP tenia razon, despues de todo :-) ) hasta los 2,25 de una hamburguesa sola con york y queso. Todavia faltan los ultimos detalles, como los extintores y colocar la lista de precios a la vista del publico; pero se espera que descongestione la cafeteria de Personal, que es la de la planta baja. ¿Ah, que no sabiais que la de abajo es para el personal? :-). Pues asi era oficialmente segun el plan director, pero tranquilos, que siguen atendiendo al publico.
Fundacion Mozambique-Sur en la Fnac.
Desde su pdf informativo:
" La Fundación Mozambique-Sur ha escogido nuestro
Fórum para presentar sus actividades en A Coruña.
Sin ánimo de lucro y en activo desde 2005, la
Fundación surgió en Madrid por y para apoyar la magnífica tarea que, desde 1991, viene
realizando Casa do Gaito en Mozambique: la formación integral de 300 jóvenes huérfanos
internos y externos en la Cosa Familia, el Programa de Desarrollo Integral Comunitario
en 6 aldeas con una población superior a los 40.000 personas, entre otras iniciativas.
Estará con nosotros Manuel Hoyos, Tesorero de la Fundación, y M. Xosé Castro, enfermera
coruñesa que trabaja en Casa do Gaito desde hace siete años. El Ballet Druida de A Coruña
y los actores Casilda García y Gonzalo Uriarte pondrán el broche de oro a esta presentación. "
Fotos tomadas con el movil.
Primero, una de las obras de la Fabrica de Tabacos.
y otra de la Ria, tomada ya gace algun tiempo.
Ya me direis que tal las veis de calidad.
Barco.
Derbi gallego de futbol.¿Deportivo-Racing de Ferrol?
Hubo una epoca no demasiado lejana, cuando estaban en Primera Division el Depor, El Compostela y el Celta. Hoy en dia, eso lleva camino de repetirse...pero en Segunda. Vigueses, ferrolanos, esperadnos que vamos :-(. Desde El Pais:
"
XABIER R. BLANCO - A Coruña - 07/01/2008
Riazor tirita. De miedo. Las señales que emite el Depor son preocupantes. El Atlético se embolsó los tres puntos con una facilidad pasmosa frente a un equipo que transmite la sensación de haber bajado los brazos. Los constantes despistes defensivos y la incapacidad para conseguir un gol han mellado el estado anímico del deportivismo. También la afición parece vencida. Ayer abroncó con una tibia pitada a los jugadores, cuando el cabreo debería ser monumental. El Depor no gana en Riazor desde el 16 de septiembre y sólo ha conseguido amarrar cinco puntos en su estadio. En A Coruña el pañuelo se reserva para enjugarse las lágrimas por una situación que va directa hacia el descenso.
Los pañuelos no se sacaron, pero se podría, para homenajear los tres goles de un Atlético que quiere que esta temporada sea la buena. Llevaba nueve años estrellándose en Riazor, en donde sólo había pescado un empate. Contra este Depor es demasiado fácil acabar con las tradiciones. El equipo de Lotina no cerró la defensa en el primer gol de Forlán, se dejó sorprender en una contra en el segundo de Agüero y el tercero de Jurado es para que lo vea un experto. Jurado se adelantó a Guardado en el rechace de un córner, remató de cabeza desde el borde del área y la pelota se coló por la escuadra mal defendida por Munúa. Es una anécdota que explica un partido que se acabó cuando Forlán adelantó a su equipo en el 39.
Excepto los tres goles, el partido resultó una castaña monumental. Y eso que pintaba para otra cosa. Javier Aguirre, que no parece dispuesto a levantar el castigo a Maniche, apostó por entregar la organización del juego a dos arquitectos de trazo fino como Raúl García y Jurado. Por primera vez en la temporada, Miguel Ángel Lotina alistó de inicio a dos delanteros (Rubén y Bodipo), aunque con la misma mala suerte.
Por la alineación se interpretó que sería un partido de ida y vuelta. Fue un error. El Atlético se limitó a esperar su oportunidad para rematar a un rival que se descose en su estadio. Y en ese periodo de observación los hombres de Aguirre se percataron de que la banda derecha del Depor, con Barragán y Lafita, hacía aguas. Faltaban seis minutos para el descanso, Antonio López dobló a Simao, sacó el centro, Agüero dejó pasar y la pelota le cayó a Forlán. Al uruguayo le dio tiempo a parar, apuntar y disparar porque Filipe no estaba en su sitio. El gol no sorprendió. Son muchos los regalos en esta temporada.
Como suele ser habitual, tras el descanso el Depor dio un pasito hacia delante, pero se olvidó de que al fútbol también se puede jugar a la contra. De un posible empate se pasó al cero a dos en un suspiro. Abbiati le dejó llovida una pelota a Lafita dentro del área, a éste le salió un tirito, Raúl García lo sacó en la línea de gol y Coloccini envió a continuación a las manos del meta italiano. La afición aún estaba con el uy en la boca cuando se encontró con el Kun Agüero encarando a Barragán. Con un recorte se deshizo del lateral y con un gesto despejó el horizonte de defensas para ajustar la pelota al palo contrario de Munúa. Mereció el premio de los pañuelos.
Es el estigma de este Depor. Pasa de una ocasión fallida a un gol en contra sin tiempo para una transición emocional. Riazor enmudeció por la incredulidad porque tanto contra el Madrid como contra el Atlético la victoria se daba por segura. Pero era el Atlético el que ponía intensidad, el que parecía en una situación desesperada. Y ante esas circunstancias sentenció Jurado. Se adelantó a un Guardado que no acaba de cuajar en el gran futbolista prometido.
El Depor empieza a sentirse de Segunda, el Atlético se cree ya un equipo de Champions.
Hacía tiempo que Javier Aguirre, un técnico que vive los partidos con pasión desmedida, no pasaba un partido refugiado en el banquillo. Ya en rueda de prensa, tampoco cambió la cosa. Empleó casi el mismo tiempo enjuiciando a su compatriota Andrés Guardado que analizando el juego de su equipo.
La estrella mexicana del Depor no acaba de romper a bueno, aunque Aguirre le auguró un gran futuro. Aguirre no sólo acabó en Riazor con la racha negativa del Atlético de nueve temporadas sin conocer la victoria, sino que también se llevó la camiseta de Guardado: "Se la pedí para mi hijo". Para el mexicano la clave del partido estribó en que aprovechó "las pocas ocasiones" que crearon porque "el equipo tiene muy clarito lo que quiere".
No lo tiene tanto el Depor de Lotina: "La imagen que hemos dado no está de acuerdo con el escudo que defendemos. Nos pueden ganar por calidad, pero no por intensidad. Nos han marcado el primero en una jugada que entrenamos todos los días"
"
Puerto coruñes.
¿Portatil satanico?
¿666 euros? Que no, hombre, le exijo que me cobre uno mas, no vayamos a liarla...
1 de Enero de 2008.
No, no es que no sepa en que dia vivo. Es que ayer el servidor me iba fatal. Pero aun asi, mi camara y yo estuvimos dando una vuelta. Y vimos cosas como esta
y como esta
Que no todo van a ser espectaculos de luces en Maria Pita :-).
De horarios navideños...
Hace 7 años, en Londres, me preocupaba no tener bastantes reservas alimenticias para el dia 25 de diciembre segun el calendario cristiano-catolico-romano... Aunque lo olvidemos, hay otros, el japones, el chino, el musulman, el ortodoxo... Por suerte, me recordaron que no pasaba nada, que los pakistanies y los indios abrian ese dia...porque no celebran nada especial.
Hoy pase por delante de varios supermercados chinos...y todos estaban cerrados. Que guay, que forma de integrasrse en la cultura española-gallega. Me direis que tienen derecho a descansar ese dia....Derecho que los empleados de cafeterias, bares y restaurantes no poseen...
en fin, cada año me vuelvo mas amargado y cinico, que se le va a hacer.
Feliz Navidad, de parte de Lamastelle y Turrones El Almendro.
Como hijo, nieto y sobrino de marinos, el tercer anuncio siempre fue mi preferido. Pero aun asi, el cuarto...Un hombre despidiendo-esperando a una mujer en una parada de autobuses... Felices navidades para mi viajera especial.
La Estrella.
La Estrella
Arthur C. Clarke
Hay tres mil años luz hasta el Vaticano. En otro tiempo creía que el espacio no podía alterar la fe; y lo creía al igual que consideraba fuera de duda el que los cielos cantaran la gloria de la obra de Dios. A la sazón he visto esa obra y mi fe se encuentra considerablemente minada.
Contemplo el crucifijo que pende en la pared de la cabina sobre el ordenador Mark VI y por primera vez en mi vida me pregunto si no será un símbolo vacuo.
No he hablado con nadie todavía, pero la verdad no puede ocultarse. Los datos existen para que alguien los observe, registrados como están en millas incontables de cinta magnética y miles de fotografías que llevamos de regreso a la Tierra. Otros científicos las interpretarán tan fácilmente como yo; más fácilmente, sin duda. No soy quien para simular la manipulación de la verdad que tan pésimo prestigio proporcionó a mi orden en los días pasados.
La tripulación está ya bastante deprimida; me pregunto cómo se tomarán esta última ironía. Pocos de cuantos la componen tienen una fe religiosa, y, no obstante, no se aprovecharán de este arma definitiva usándola contra mí; guerra privada, honrada pero fundamentalmente seria, que ha tenido lugar durante todo el trayecto desde que salimos de la Tierra. Era divertido tener a un jesuita de Primer Astrofísico. El doctor Chandler, por ejemplo, nunca pudo asimilarlo del todo (¿por qué serán ateos tan notorios los hombres entregados a la medicina?). A veces me encontraba ante el tablero de observación, donde las luces permanecen siempre amortiguadas y el resplandor de las estrellas con gloria inalterada. Se me acercaba entonces y se quedaba contemplando el exterior por la gran escotilla oval, mientras los cielos giraban con lentitud en torno de nosotros a medida que la nave se balanceaba de punta a punta con la escora que no nos habíamos molestado en corregir.
-Bueno, padre -acababa diciendo al final-. Esto prosigue una eternidad tras otra; acaso lo hizo Alguien. Sin embargo, ¿cómo puede creer usted que ese Alguien ha de tener un interés especial en nosotros y en nuestro miserable mundillo? Esto es lo que no puedo entender. -Comenzaba entonces la disputa, mientras las estrellas y las nebulosas giraban en derredor de nosotros en silenciosos e infinitos arcos que se abrían del otro lado del plástico de la escotilla de observación.
En mi sentir, era la aparente incongruencia de mi posición lo que, de veras, divertía a la tripulación. En vano argumentaba yo con mis tres artículos en el Diario Astrofísico y mis cinco de Noticias Mensuales de la Real Sociedad Astronómica. Les recordaba que nuestra orden había conseguido no poca fama por sus trabajos científicos. Podíamos quedar pocos ya, pero desde el siglo XVIII habíamos hecho aportes a la astronomía y la geofísica que no podían ni siquiera evaluarse.
¿Dará al traste con mil años de historia mi informe sobre la Nebulosa del Fénix?
Me temo, empero, que dará al traste con muchas más cosas.
No sé quién bautizó a la nebulosa con ese nombre que tan malo me parece. Si contiene una profecía, ésta no podrá verificarse hasta dentro de mil años. Hasta la palabra «nebulosa» es equívoca, ya que el Fénix es mucho más pequeño que esas magníficas acumulaciones de gas (la materia de las estrellas nonatas) que se esparcen por toda la longitud de la Vía Láctea. En escala cósmica, por supuesto, la Nebulosa del Fénix es una cabeza de alfiler, una tenue cáscara de gas que rodea a una estrella única.
O lo que queda de esa estrella...
Mientras se alza por encima de las líneas del espectrofotómetro, la rubensiana pesadez de Loyola parece burlarse de mí. ¿Qué habrías hecho tú, Padre, con este conocimiento que me ha sobrevenido, tan alejado del pequeño mundo que era todo el universo que tú conociste? ¿Habría triunfado tu fe en la prueba, como la mía ha fallado ante ella?
Miras en la distancia, Padre, pero por mi parte he ido más allá de lo que pudieras haber imaginado cuando fundaste nuestra orden hace dos mil años. Ninguna otra nave investigadora ha ido tan lejos de la Tierra; nos encontramos en las mismísimas fronteras del universo explorado. Nos propusimos alcanzar la Nebulosa del Fénix, lo conseguimos, y regresamos con el conocimiento sobre nuestros hombros. Desearía liberar mis hombros de esa carga, pero en vano te invoco a través de los siglos y los años luz que se alzan entre nosotros.
Las palabras son transparentes en tu libro de reglas. AD MAIOREM DEI GLORIAM, dice el mensaje, pero se trata de un mensaje en que ya no puedo creer. ¿Habrías seguido creyendo tú de haber visto lo que hemos encontrado?
Por supuesto, sabíamos lo que era la Nebulosa del Fénix. Todos los años, sólo en nuestra galaxia explotaban más de cien estrellas, aumentando durante horas o días su fulgor en miles de veces antes de sumergirse en la muerte y la negrura. Son las novas ordinarias, las consabidas catástrofes del universo. He registrado los espectrogramas y curvas de luz de docenas de ellas desde que comencé a trabajar en el observatorio lunar.
Pero tres o cuatro veces cada mil años tiene lugar algo distinto junto a lo que hasta una nova palidece con total insignificancia.
Cuando una estrella se convierte en supernova puede, durante un breve instante, apagar el brillo de todos los soles de la galaxia. Los astrónomos chinos detectaron una en 1054 sin saber que fenómeno fue. Cinco siglos más tarde, en 1572, estalló una supernova en Casiopea con tanto brillo que fue visible a la luz del día. En los mil años transcurridos desde esa fecha han tenido lugar tres explosiones más.
Nuestra misión era visitar los restos de una catástrofe tal para reconstruir los sucesos que la habían precedido y, de ser posible, saber la causa. Nos adentramos con cautela en las capas concéntricas de gas que habían estallado tres mil años antes y que se encontraban todavía en expansión. El calor era inmenso y radiaba aún con feroz luz violeta, demasiado tenue empero para hacernos daño. Cuando la estrella explotó, sus estratos exteriores irrumpieron hacia arriba con velocidad tal que habían salido por completo de su campo de gravitación. Hoy forman un caparazón hueco tan grande que puede abarcar mil sistemas solares, rodeando lo que brilla y arde en su centro y que no es sino el objeto fantástico que es ahora la estrella: una masa blanca, más pequeña que la Tierra, pero con un peso un millón de veces mayor.
Las capas de gas brillante nos rodeaban y desvanecían la noche normal de los espacios interestelares. Volamos en el interior de una bomba cósmica que había detonado milenios atrás y cuyos fragmentos incandescentes eran todavía metralla.
La inmensa escala de la explosión y el hecho que su onda expansiva hubiera alcanzado ya un volumen de espacio de muchos billones de millas, despojaba a la escena de todo movimiento perceptible. Un ojo desnudo tardaría décadas antes de captar un movimiento en las torturadas espirales de gas; sin embargo, la sensación del estallido lo dominaba todo.
Habíamos comprobado nuestra dirección primaria horas antes y nos encaminábamos despacio hacia la pequeña estrella que teníamos al frente. Había sido un sol como el nuestro en otro tiempo, pero había despilfarrado en pocas horas la energía que habría mantenido su brillo durante un millón de años. A la sazón se encontraba como un tacaño desplumado que escatimara sus recursos en un intento de reparar su pródiga juventud.
Seriamente, nadie esperaba encontrar planetas. Si alguno hubo antes de la explosión se habría convertido en ráfagas de vapor y su sustancia se habría confundido con la estructura de la estrella misma. Pese a todo investigamos rutinariamente, como siempre que nos aproximábamos a un sol desconocido, y dimos con un mundo diminuto que daba vueltas en torno de la estrella a una distancia inmensa. Tenía que haberse tratado del Plutón de aquel desvanecido sistema solar, dando vueltas en las fronteras de la noche. Demasiado lejos del sol central para haber conocido la vida, su distancia misma lo había salvado del destino que sin duda habían seguido todos sus compañeros.
Los fuegos de la explosión habían afectado su capa rocosa y quemado la costra de gas helado que en sus días lo habría cubierto. Aterrizamos y encontramos la bóveda.
Sus constructores hicieron seguramente lo mismo que habríamos hecho nosotros. La señal monolítica que se erguía sobre la entrada era a la sazón una masa fundida, pero desde que tomamos las primeras fotografías desde lejos supimos que aquello había sido obra de la inteligencia. Poco después detectamos la capa de radiactividad que había quedado enterrada en la roca. Aún cuando el pilón que descollaba sobre la Bóveda hubiera sido destruido, esta capa habría permanecido, inmóvil, pero como faro eterno que llamaba a las estrellas. Nuestra nave descendió hacia aquel gigantesco ojo de buey como una flecha corre hacia la diana.
El pilón debió alcanzar una milla de altura cuando fue construido, pero a la sazón parecía un cabo de vela que hubiera sido derretido y convertido en amasijo de cera. Nos costó una semana pasar por la capa rocosa fundida, ya que no teníamos las herramientas apropiadas para el caso. Nuestro programa original fue dejado de lado; aquel monumento solitario, que hablaba de un trabajo realizado a una distancia tan grande del sol destruido, sólo podía tener un sentido. Una civilización que supo cercana su muerte había alzado su último adiós a la inmortalidad.
Habríamos tardado generaciones enteras en examinar todos los tesoros que encontramos en la Bóveda. Ellos tuvieron mucho tiempo para prepararla, ya que el sol debió dar sus primeros avisos muchos años antes de la explosión final. Todo lo que quisieron preservar, todos los frutos de su genio, lo llevaron hasta aquel mundo distante en los días que precedieron al fin, esperando que cualquier otra raza los encontrara y no hiciera caso omiso de ellos.
¡Si hubieran tenido un poco más de tiempo! Podían viajar con soltura de un planeta a otro, pero todavía no habían aprendido a salvar los golfos interestelares; y el sistema solar más cercano se encontraba a cien años luz de distancia.
Aun cuando no hubieran sido tan intranquilizadoramente humanos como mostraban sus esculturas, no hubiéramos podido menos que admirarlos y lamentar su destino. Dejaron miles de registros visuales y máquinas para proyectarlos, junto con elaboradas instrucciones gráficas de las que no resultaba difícil deducir su lenguaje escrito. Examinamos muchos de aquellos registros y revivimos con ellos por vez primera, en seis mil años, la calidez y hermosura de una civilización que tuvo que ser superior a la nuestra de muchas maneras. Acaso habían dejado memoria sólo de lo mejor. Pero sus mundos eran encantadores y sus ciudades habían sido construidas con una gracia que se relacionaba con la de cualquiera de las nuestras. Las contemplamos en pleno funcionamiento y escuchamos su habla musical a través de las centurias. Recuerdo todavía una viva escena: un grupo de niños en un banco de extraña arena azul jugaban con las olas como los niños juegan en la Tierra.
Y hundiéndose en el horizonte, todavía cálido, amable y vitalizador, se encontraba aquel sol que pronto habría de trocarse en traidor y de olvidarse de toda aquella felicidad inocente.
Posiblemente, de no haber estado tan lejos de la Tierra y de no habernos encontrado por ende tan propensos a la soledad, no nos habríamos conmovido tanto. Muchos habíamos visto ruinas de antiguas civilizaciones en otros mundos, pero nunca nos habían afectado tan profundamente.
La tragedia era única. Para una raza, sucumbir y decaer era una cosa, como las naciones y las culturas habían hecho en la Tierra. Pero ser destruida tan completamente en pleno florecimiento, sin dejar supervivientes... ¿cómo podía conciliarse ello con la misericordia de Dios?
Mis colegas me preguntaron esto y les di las respuestas que supe. Acaso tú lo habrías hecho mejor, Padre Loyola, pero nada he encontrado en los Ejercicios Espirituales que pueda servirme. No habían sido malvados; no sé a qué dioses adoraban, si acaso adoraban a alguno. Pero los he visto después de muchos siglos y he contemplado durante largos instantes el empeño que pusieron en su último esfuerzo por preservarse mientras ese empeño era iluminado por el sol que estaba amenazado.
Sé las respuestas que me darán mis colegas cuando regrese a la Tierra. Dirán que el universo no tiene propósito ni plan, puesto que cada año explotan cien soles, en este mismo instante hay una raza en algún lugar del espacio que se encuentra en trance de extinción. Tanto si ha obrado bien como si ha obrado mal en el curso de su existencia, ello no cuenta a la hora definitiva; no hay justicia divina porque no hay Dios.
No obstante, por supuesto, cuanto hemos visto no prueba nada. Quien argumentase así estaría sometido a las leyes de la emoción, no de la lógica. Dios no necesita justificar sus actos ante los hombres. Aquel que hizo el universo puede destruirlo cuando quiera. Es una arrogancia peligrosamente próxima a la
blasfemia el decir lo que puede y no puede hacer.
A pesar de los mundos y las civilizaciones incluidas en esta consideración, podría haber aceptado este razonamiento. Pero hay un punto en el que la fe más profunda se resquebraja y, a la sazón, una vez hechos mis cálculos, he alcanzado ese punto.
Antes de llegar a la nebulosa nos era imposible decir cuándo se había producido la explosión. No obstante, a la sazón, gracias a la evidencia astronómica y a los registros encontrados en el planeta superviviente, he podido fechar la catástrofe con precisión. Sé en qué año llegó a la Tierra la luz despedida por aquel estruendo colosal. Sé con qué brillantez lució en los cielos terrestres la supernova cuyo cadáver relampagueaba mortecinamente tras nuestra nave. Sé también lo que ocasionó un resplandor a poca altura, antes del alba, brillando como un faro en el oriente.
Razonablemente no puede haber dudas; el viejo misterio está resuelto por fin. Sin embargo... Señor, había tantas estrellas que pudiste haber usado...
¿Qué necesidad había de llevar a aquellas gentes a la destrucción y que el signo de su aniquilación resplandeciese sobre Belén?
Texto recogido de Escolar.net.
Aggggghhh, se acerca Nochebuena.
Entre que llevo un mes que no paro de correr de aqui para alla, y que en esta ultima semana he sucumbido al virus de "comprarregalosparalosamigosquerealmentelesvayanagustar" pues estoy reventado. Solo deciros, queridos lectgores, que esta tarde tengo que quedar con 5 personas para darles sus regalitos. Menos mal que despues me llevan a cenar por ahi y desconectare un poco.
Por cierto, mañana trabajo ( cosas que pasan, el año pasado me libre, pero este me ha tocado ). Asi que al salir del curro, me ire a preparar la cena y no creo que actualice el blog. Por lo tanto:
Feliz Navidad. Pasaroslo muy
bien...y que otro friegue los platos :-).
De Belenes de diseño...
De libros sobre el Titanic y sorteo de viajes.
La etiqueta da miedo. Espero que los viajes sorteados no lo sean en el Lusitania o en el Mary Celeste... :-)
Donando sangre.
Mañana viernes 14 de diciembre, delante del CCCC ( Centro Comercial Cuatro Caminos ) de 9:30 a 14:30 y de 15:30 a 21:00.
Por cierto, reflexion tonta. Si las cartas informativas cumplen la Ley y vienen en gallego y en castellano...¿por que los anuncios de la radio ( cuñas publicitarias me los llaman ) salen solo en gallego?
Oferta de trabajo para grafiteros coruñeses.
Me ha llegado un comentario pidiendo un grafitero para una obra en un comercio. Si alguno lee esto y esta interesado, pues ya sabeis, un comentario con el mail o un correo directo.





