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La Torre de Hercules

Epaminondas de Tebas.

A raiz de una conversacion mantenida hoy en una cafeteria, sobre historia y tacticas militares, refresco la biografia y hechos de Epaminondas de Tebas. Desde la Wikipedia:

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Estatua de Epaminondas
Estatua de Epaminondas

Epaminondas (griego: Ἐπαμεινώνδας) (c. 418 a. C.362 a. C.) fue un general y político griego del siglo IV a. C. que transformó la ciudad estado de Tebas para convertirla en la nueva potencia hegemónica de Grecia, en sustitución de Esparta.

Epaminondas redibujó el mapa político de Grecia, fragmentó antiguas alianzas, creó nuevas, y supervisó la construcción de ciudades enteras. También tuvo gran influencia militar, inventando e implementando diversas y muy importantes tácticas de batalla. Antes de su mandato, Tebas se encontraba en una situación de dominio espartano. Epaminondas logró mejorar la capacidad militar de Tebas para situarla en una posición preeminente dentro de la política de Grecia, creando lo que se conocería como la hegemonía tebana. En el proceso acabó con la supremacía militar espartana en la Batalla de Leuctra y liberó a los hilotas de Mesenia, un grupo de griegos del Peloponeso que habían sido reducidos a la servidumbre bajo las órdenes de Esparta durante unos 200 años.

El orador romano Cicerón le llamó el primer hombre de Grecia, si bien Epaminondas ha caído en una relativa oscuridad en los tiempos modernos. Los cambios que Epaminondas llevó al orden político griego no le sobrevivieron mucho tiempo, dado que el ciclo de hegemonías y alianzas todavía no se había estabilizado. Tan sólo 27 años después de su muerte, Tebas fue destruida por Alejandro Magno. Por todo ello, Epaminondas no es recordado tanto como un idealista y liberador (como se le vio en su tiempo) sino por una década de campañas (desde 371 hasta 362 a. C.) que dieron forma y fuerza a los grandes poderes de Grecia y que pavimentó el camino para la posterior conquista macedonia.

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Fuentes históricas [editar]

Aunque Epaminondas fue una figura muy significativa de su tiempo, hay comparativamente muy poca información sobre su vida al alcance de los historiadores modernos, y no existe ningún historiador clásico que nos muestre una imagen completa del personaje. Algunas de las biografías más completas son trabajos de Cornelio Nepote, Pausanias, Plutarco, Diodoro Sículo y Jenofonte, aunque no todas ellas han llegado hasta nuestros días.

La biografía de Cornelio Nepote era corta, y se podían encontrar algunos datos más en la descripción de Grecia de Pausanias. Plutarco escribió una biografía que se ha perdido, aunque algunos de los detalles sobre su vida y trabajos se pueden encontrar en su obra Vidas sobre Pelópidas y Agesilao II. Dentro de las historias narrativas de ese tiempo, Diodoro Sículo da algunos detalles, mientras que Jenofonte, que idolatraba a Esparta y a su rey Agesilao, evita mencionar a Epaminondas siempre que le es posible y ni siquiera hace mención de su presencia en la Batalla de Leuctra. En cualquier caso, ambos historiadores dan datos sobre los eventos históricos de los tiempos de Epaminondas. Además, y para mayor confusión, no todas las fuentes antiguas que tratan directamente el tema de su vida se consideran completamente verídicas.

Por todas estas razones hoy en día nos encontramos en una situación en la que el personaje histórico de Epaminondas es virtualmente desconocido, y en particular en comparación con personajes casi contemporáneos como el conquistador macedonio Alejandro Magno o el general ateniense Alcibíades.[1]

Juventud, educación y vida personal [editar]

Epaminondas salvando la vida de Pelópidas.
Epaminondas salvando la vida de Pelópidas.

El padre de Epaminondas, Polymnis, era un descendiente empobrecido de una noble familia tebana. Sin embargo, ello no impidió que Epaminondas recibiese una educación excelente: sus profesores de música estaban dentro de los mejores de su disciplina, al igual que sus instructores de danza. Más notable todavía fue su profesor de filosofía, Lisis de Tarento, que fue uno de los últimos grandes filósofos pitagóricos. Lisis había ido a vivir con Polymnis en la época de su exilio, lo cual permitió a Epaminondas trabajar mucho con él, por lo que terminó destacando en sus excelentes estudios filosóficos.

Sin embargo, Epaminondas no era sólo un académico. También resaltó por sus cualidades físicas y durante su juventud dedicó mucho tiempo a la preparación física de cara al combate. En 385 a. C., en una escaramuza cerca de la ciudad de Mantinea, Epaminondas salvó la vida de su futuro colega Pelópidas poniendo en grave riesgo la suya propia. Este acto pudo cimentar lo que luego fue una amistad entre los dos que duró toda la vida. A través de toda su carrera, Epaminondas seguiría siendo destacado por su capacidad táctica y su manejo del combate cuerpo a cuerpo.

Epaminondas no se casó nunca, lo cual le supuso muchas críticas por parte de sus contemporáneos, que pensaban que un personaje como él estaba obligado a proveer a su estado con el beneficio de hijos que fueran tan grandes como lo había sido su padre. En respuesta Epaminondas dijo que su victoria en Leuctra era una hija destinada a vivir por siempre. Se sabe, sin embargo, que tuvo diversas relaciones amorosas con jóvenes griegos, una costumbre que era habitual en la antigua Grecia, y que lo era muy particularmente en Tebas. Plutarco recoge que los legisladores tebanos instituyeron la práctica para «atemperar las formas y el carácter de los jóvenes».[2] Una anécdota contada por Cornelio Nepote indica que Epaminondas había intimado con un joven llamado Micitos. Plutarco también menciona a dos de sus amantes: Asópico, que luchó con él en la Batalla de Leuctra, en la que se distinguió enormemente;[3] y Capisdoros, que murió con Epaminondas en Mantinea y fue enterrado a su lado.[4]

Epaminondas vivió toda su vida en una situación cercana a la pobreza, debido a su rechazo del enriquecimiento personal a través de su poder político. Cornelio Nepote deja constancia de su incorruptibilidad, describiendo cómo rechazó a un embajador persa que llegó a él con un soborno. Siguiendo la costumbre de los pitagóricos, era dadivoso con sus amigos y les recomendaba a que hiciesen lo mismo con los demás. Todos estos aspectos de su carácter contribuyeron de forma muy importante al renombre que adquirió tras su muerte.[5]

Comienzos de su carrera [editar]

Epaminondas vivió una época particularmente turbulenta en la historia tebana. Después de la Guerra del Peloponeso, en 404 a. C., Esparta se embarcó en una política unilateral e individualista muy agresiva contra el resto de polis griegas, y rápidamente fue alienando a muchos de sus antiguos aliados. Tebas, mientras tanto, había incrementado mucho su poder durante la guerra, y buscaba ganar el control sobre otras ciudades de Beocia (la región de la antigua Grecia al noroeste de Ática). Esta política, así como algunas otras disputas más, llevaron a Tebas a un conflicto con Esparta (un antiguo aliado) en la Guerra de Corinto. En esa guerra, que se prolongó durante ocho años y acabó sin decantarse definitivamente por ninguno de los dos bandos, se produjeron algunas derrotas tebanas muy sangrientas en enfrentamientos contra Esparta. Para cuando acabó la guerra Tebas se vio forzada a olvidar sus ambiciones expansionistas y volver a su antigua alianza con Esparta.

En 382 a. C., sin embargo, el comandante espartano Febidas cometió un error estratégico que hizo que Tebas se volviese en contra de Esparta definitivamente, y que pavimentó el camino para la llegada al poder de Epaminondas. Atravesando Beocia para una campaña, Febidas se aprovechó de una revuelta civil en Tebas para asegurar la entrada a la ciudad a sus tropas. Una vez dentro, asedió Cadmea (la acrópolis tebana), y forzó al partido anti-espartano a huir de la ciudad. Epaminondas, si bien estaba asociado a esa facción, pudo quedarse en la ciudad porque se pensaba que no era más que un filósofo empobrecido y completamente inofensivo.[6]

Golpe de estado en Tebas [editar]

En los años posteriores a la toma de control de Esparta, los tebanos exiliados por el nuevo gobierno se reagruparon en Atenas y se prepararon, con el apoyo encubierto de los atenienses, a reconquistar su ciudad. Se comunicaron con Epaminondas, que comenzó a preparar a los jóvenes de la ciudad para un intento de asaltar el poder. En 379 a. C. un pequeño grupo de exiliados liderados por Pelópidas se infiltraron en la ciudad y asesinaron a los líderes del gobierno pro-espartano. Epaminondas y Górgidas dirigieron a un grupo de jóvenes que entraron en las armerías, cogieron armas, y rodearon a los espartanos en Cadmea asistidos por una fuerza de hoplitas atenienses.

En la asamblea tebana celebrada al día siguiente Epaminondas y Górgidas trajeron a Pelópidas y a sus hombres frente a la audiencia y exhortaron a los tebanos a luchar por su libertad. La asamblea respondió aclamando a Pelópidas y a sus hombres como libertadores y, temiendo por sus vidas, la guarnición espartana se rindió y fue evacuada. A los tebanos del partido pro-espartano también se les permitió rendirse; fueron posteriormente ejecutados por los insurgentes.[7]

Después del golpe de estado [editar]

Cuando llegaron a Esparta las noticias del levantamiento en Tebas, se envió al ejército comandado por Agesilao II para someter a la ciudad. Los tebanos, sin embargo, decidieron no enfrentarse directamente al ejército espartano en el campo de batalla, y se protegieron tras las murallas de la fortaleza de la ciudad. Los espartanos se dedicaron a saquear la zona tratando de hacer salir a los tebanos, pero éstos permanecieron en su refugio y, finalmente, los espartanos se fueron, con lo que Tebas mantuvo su independencia.[8] Poco después los tebanos lograron reconstruir su antigua confederación de Beocia en una nueva forma democrática.

Las ciudades de Beocia se unieron como una federación con un consejo ejecutivo formado por siete generales o Beotarcas, elegidos de los siete distritos de Beocia. La fusión política tuvo tanto éxito que más adelante los nombres tebano y beocio se usaron indistintamente como muestra de la unión de los habitantes de la región.

Buscando acabar con la unión de este nuevo estado, los espartanos invadieron tres veces la zona en los siguientes siete años. Si bien al principio se rehuía el enfrentamiento directo, los beocios poco a poco fueron ganando suficiente confianza como para salir al campo abierto y fueron capaces de luchar con los espartanos directamente. Su confianza aumentó mucho más cuando, en 375 a. C., una fuerza de beocios muy superada en número logró, bajo el mando de Pelópidas, atravesar el corazón de una falange espartana para encontrar una salida durante la Batalla de Tegira.

Aunque Esparta continuaba siendo el poder supremo griego en el combate terrestre, los beocios demostraron que ellos también eran una amenaza militar creciente y un poder político a tener en cuenta. Al mismo tiempo, Pelópidas, que defendía una política agresiva contra Esparta, había logrado colocarse como el principal líder político tebano. En los años siguientes colaboraría extensamente con Epaminondas en el diseño de la política exterior beocia.[9]

371 a. C. [editar]

Conferencia de paz del año 371 a. C. [editar]

No existe ninguna fuente que nos indique en qué momento fue elegido Epaminondas como Beotarca por primera vez, pero en el año 371 a. C. ocupaba el puesto y, el año siguiente, estaba a la cabeza de una conferencia de paz que tuvo lugar en Esparta.

Se había hecho un débil intento de lograr una Paz Común en 375 a. C. pero la guerra entre Atenas y Esparta había resurgido ya en 373 a. C. Tebas, mientras tanto, estaba fortaleciendo su confederación. En el año 371 Atenas y Esparta volvían a estar preocupadas por la guerra, por lo que tuvo lugar la conferencia de paz. En ella, Epaminondas provocó una importante ruptura con Esparta cuando insistió en firmar no sólo en nombre de los tebanos, sino en el de todos los beocios. Agesilao II se negó a permitirlo, insistiendo en que las ciudades de Beocia deberían ser independientes, pero Epaminondas contraargumentó que si eso fuese así, entonces las ciudades de Laconia deberían serlo también. Ante esta situación, Agesilao expulsó a los tebanos de la conferencia y del tratado, por lo que la delegación volvió a Tebas y ambos bandos se prepararon para la guerra.[10]

Leuctra [editar]

Artículo principal: Batalla de Leuctra
En la parte superior se describe el orden de batalla hoplita habitual, mientras que en la parte inferior aparece la estrategia de Epaminondas en Leuctra. El ala izquierda, más fuerte, avanza, mientras que la débil ala derecha retrocede. Los bloques rojos muestran la localización de las tropas de élite en cada falange.
En la parte superior se describe el orden de batalla hoplita habitual, mientras que en la parte inferior aparece la estrategia de Epaminondas en Leuctra. El ala izquierda, más fuerte, avanza, mientras que la débil ala derecha retrocede. Los bloques rojos muestran la localización de las tropas de élite en cada falange.

Inmediatamente después del fracaso de la conferencia de paz, se enviaron órdenes desde Esparta al rey espartano Cleómbroto I, que se encontraba a la cabeza del ejército desplazado al distrito de Fócida, ordenándole marchar directamente a Beocia. Se desvió hacia el norte para evitar los pasos montañosos en donde los beocios se preparaban para emboscarle, y entró en el territorio de Beocia desde una dirección inesperada desde la que pronto tomó una fortaleza y capturo varios trirremes. Desde ahí marchó hacia Tebas y acampó en Leuctra, en el territorio de Tespias. Ahí acudió el ejército beocio para encontrarse con ellos.

El ejército espartano estaba compuesto de unos 10.000 hoplitas, de los cuales 700 eran guerreros de élite conocidos como espartíatas. Los beocios se enfrentaban a ellos con un número inferior, de sólo unos 6.000, aunque acompañados de una caballería superior a la de los peloponesos.[11]

Al preparar a sus tropas para la batalla, Epaminondas utilizó una estrategia que no se había visto nunca en las tácticas de guerra griegas. Tradicionalmente, las falanges se alineaban para la batalla con las tropas de élite situadas en la derecha, el "flanco de honor". Por tanto, en la falange espartana Cleómbroto había situado a sus espartíatas en la derecha, mientras que los aliados con menos experiencia estaban a la izquierda. Epaminondas, que necesitaba de algún modo poder superar la ventaja numérica de los espartanos, desarrolló e implementó dos innovaciones tácticas.

En primer lugar, se colocó junto con sus tropas de élite tebanas, el Batallón Sagrado de Tebas, en el flanco izquierdo. En segundo lugar, viendo que no podía alargar sus tropas para igualar la longitud del frente espartano sin que quedasen sin suficiente profundidad, abandonó cualquier intento de igualar los frentes. En su lugar hizo a su falange mucho más profunda en el lado izquierdo, haciéndola de unas cincuenta filas en lugar de las habituales ocho o doce. Cuando comenzara la batalla, el flanco fortalecido podría avanzar al ataque al doble de velocidad, mientras que el flanco más débil tenía órdenes de retirarse y de tratar de retrasar el combate.

La táctica de la falange profunda ya fue utilizada anteriormente por otro general tebano llamado Pagondas, que utilizó una falange de 25 hombres de profundidad en la Batalla de Delio, aunque la idea de una línea de ataque descompensada u "orden oblicuo" fue una innovación de Epaminondas. Por lo tanto, Epaminondas fue el general que inventó la táctica militar de rechazar uno de los dos flancos.[12]

La batalla comenzó con un encuentro entre las caballerías en la que los tebanos salieron victoriosos. La caballería espartana fue rechazada y enviada contra su propia falange, lo que provocó que la formación se viese desordenada. Viendo en ello una ventaja, los beocios apretaron su ataque. Cleómbroto murió en la batalla y, aunque los espartanos se mantuvieron firmes suficiente tiempo como para recuperar su cuerpo, sus líneas acabaron rompiéndose por el empuje del asalto tebano. En un momento crítico, Pelópidas dirigió al Batallón Sagrado en un ataque frontal que obligó a los espartanos a huir.

Por su parte, el resto del ejército compuesto por los aliados peloponesos, al ver a los espartanos puestos en fuga, también rompieron filas y huyeron. El ejército completo se retiró de forma desordenada, murieron 4.000 peloponesos mientras que los beocios perdieron sólo unos 300 hombres. Además, y lo más importante, murieron en el campo de batalla 400 de los 700 espartiatas que participaron en la batalla, lo cual supuso una pérdida catastrófica que supuso una seria amenaza para la capacidad militar futura de Esparta.

La década de los años 360 a. C. [editar]

Artículo principal: Hegemonía tebana

Primera Invasión del Peloponeso [editar]

Antigua Grecia.
Antigua Grecia.

Durante casi un año después de la victoria de Leuctra, Epaminondas se ocupó en la consolidación de la confederación de Beocia, exhortando a las polis de Orcómeno, que hasta entonces había estado alineada con Esparta, a que se uniesen a la Liga. A finales de 370 a. C., sin embargo, dado que los espartanos comandados por Agesilao se encontraban luchando para disciplinar a Mantinea, Epaminondas decidió capitalizar su victoria mediante una invasión del Peloponeso que pusiera fin al poder espartano de una vez por todas. Forzó el paso a través de las fortificaciones en el istmo de Corinto y marchó al sur hacia Esparta, enfrentándose a contingentes espartanos y de sus aliados a lo largo del camino.

En Arcadia expulsó al ejército espartano que amenazaba Mantinea, y luego supervisó la fundación de la nueva ciudad de Megalópolis y la formación de una Liga Arcadia modelada a imagen de la Confederación Beocia. Más al sur cruzó el río Eurotas, frontera de Esparta, que ningún ejército hostil había llegado a atravesar antes en la historia. Los espartanos, que no deseaban enfrentarse a un ejército tan masivo, se refugiaron tras los muros de su ciudad mientras que los tebanos y sus aliados saqueaban Laconia. Epaminondas volvió brevemente a Arcadia y luego volvió a marchar hacia el sur, esta vez a Mesenia, territorio que había sido conquistado por Esparta hacía ya unos 200 años. Ahí reconstruyó la antigua ciudad de Mesene sobre el monte Itome, con fortificaciones que rivalizaban con las más fuertes de Grecia. Después envió una llamada a todos los exiliados mesenios esparcidos por toda Grecia para que volviesen y reconstruyesen su país.

La pérdida de Mesenia fue particularmente dañina para los espartanos, dado que su territorio comprendía un tercio del total de Esparta, y contenía a la mitad de su población de hilotas.

En pocos meses, Epaminondas había creado dos nuevos estados enemigos de Esparta, había atacado los cimientos de su economía y había devastado su prestigio. Una vez cumplido todo esto, dirigió a su ejército victorioso de vuelta a casa.[13]

Juicio [editar]

En su vuelta a casa, Epaminondas no se encontró con una bienvenida propia de un héroe, sino con un juicio preparado por sus enemigos políticos. El cargo del que se le acusaba era de haber retenido su puesto al frente del ejército más tiempo del que se permitía constitucionalmente, lo cual era indiscutiblemente cierto: Epaminondas había convencido al resto de Beotarcas para permanecer en el campo de batalla varios meses más después de que su cargo hubiese expirado, aunque lo había hecho para poder cumplir todo lo que se había propuesto en el Peloponeso. En su defensa, Epaminondas únicamente solicitó que, si iba a ser ejecutado, la inscripción en la que apareciese el veredicto dijera:

Epaminondas fue castigado por los tebanos con la muerte, porque les obligó a derrotar en Leuctra a los lacedemonios, a los cuales, antes de que él fuese general, ninguno de los beocios se atrevía a enfrentar en el campo de batalla, y porque él no sólo en una batalla rescató a Tebas de la destrucción, sino que también aseguró la libertad de toda Grecia, y trajo el poder sus gentes a tal punto que los tebanos atacaron Esparta, y los lacedemonios estaban satisfechos con sólo lograr salvar sus vidas; y no cesó la guerra hasta que, tras reconstruir Mesenia, encerró a Esparta en un duro asedio.[14]

El jurado rompió a reír, se retiraron los cargos, y Epaminondas fue reelegido Beotarca al año siguiente.

Campañas posteriores [editar]

En 369 a. C. Epaminondas volvió a invadir el Peloponeso, aunque esta vez sus logros fueron mucho más limitados. Consiguió que Sición cambiase su lealtad hacia la alianza con Tebas, pero poco más. Cuando volvió a Tebas de nuevo se encontró con un juicio, y una vez más fue declarado inocente.

A pesar de sus éxitos, al año siguiente no fue reelegido como gobernante. Fue el único año desde la victoria de Leuctra hasta su muerte que no fue así.[15] Este año sirvió en el ejército como simple soldado cuando el ejército marchó hacia Tesalia para rescatar a Pelópidas, que había sido hecho prisionero por Alejandro de Feras mientras actuaba de embajador. Los generales que dirigieron la expedición fueron superados y forzados a retirarse para salvar a su ejército. De vuelta en Tebas, Epaminondas fue reinstaurado en el mando y llevó al ejército de vuelta a Tesalia, en donde superó tácticamente a los tesalios y obligó a la liberación de Pelópidas sin haber ni siquiera luchado.[16]

En 366 a. C. se intentó llevar a cabo un nuevo tratado de paz entre todas las polis griegas en una conferencia en Tebas, pero las negociaciones no lograron superar la hostilidad entre Tebas y otros estados que estaban resentidos por su hegemonía. La paz no se llegó a aceptar nunca de forma completa, y pronto se reanudó la guerra.[17] En la primavera de ese mismo año, Epaminondas volvió a invadir el Peloponeso por tercera vez, buscando en esta ocasión asegurarse la lealtad de los estados de Acaya. Aunque no hubo ningún ejército que se atreviese a plantarle cara en campo abierto, los gobiernos democráticos que establecía tenían vidas muy cortas, porque los aristócratas pro-espartanos que huían de la ciudad pronto volvían y reestablecían las oligarquías, y ataban a sus ciudades todavía con más fuerza a Esparta.[18]

Durante la década posterior a la Batalla de Leuctra, numerosos aliados de Tebas fueron cambiando sus alianzas y acercándose a Esparta o incluso a otros estados hostiles. Ya en 371, la asamblea ateniense había reaccionado ante las noticias de Leuctra con un silencio sepulcral. Aliados de confianza como Feras también se volvieron contra su nuevo y dominante aliado en los años posteriores a la batalla. A mediados de la década, incluso algunos arcadios (los que habían visto cómo Epaminondas creaba su Liga en 369 a. C.) se habían vuelto contra él. Solo los mesenios se mantuvieron firmemente leales.

Los ejércitos de Beocia lucharon a lo largo y ancho de Grecia a medida que aparecían oponentes por todos los frentes. En 364 a. C. Epaminondas llegó incluso a dirigir a su estado contra Atenas por mar.[19] Ese mismo año, Pelópidas murió luchando contra Alejandro en Tesalia. Para Epaminondas su muerte supuso la pérdida de su mayor aliado político.[20]

Batalla de Mantinea [editar]

Relieve sobre la muerte de Epaminondas, por David d’Angers.
Relieve sobre la muerte de Epaminondas, por David d’Angers.
Artículo principal: Batalla de Mantinea (362 adC)

En vista de esta oposición creciente al dominio tebano, Epaminondas envió su última expedición al Peloponeso en 362 a. C. El principal objetivo de la expedición era someter Mantinea, que se había opuesto a la influencia tebana en la región. Sin embargo, al acercarse a Mantinea Epaminondas recibió la noticia de que se habían enviado tantos espartanos para defender la ciudad que la propia Esparta había quedado casi indefensa. Viendo una oportunidad, Epaminondas marchó hacia Laconia a la mayor velocidad posible.

La noticia del cambio de rumbo de Epaminondas llegó al rey Arquídamo III de Esparta a través de un mensajero, y éste tuvo tiempo suficiente de preparar la llegada de Epaminondas, que se encontró con una ciudad bien defendida a su llegada. Epaminondas, esperando que su adversarios hubiesen dejado la defensa de Mantinea en su prisa por proteger Esparta, volvió a marchar a su base de Tegea y envió a su caballería a Mantinea, aunque un encuentro fuera de las murallas con caballería ateniense frustró también esta nueva estrategia.

Viendo que sería necesaria una batalla de hoplitas para preservar la influencia tebana en el Peloponeso, Epaminondas preparó a su ejército para el combate.[21]

Lo que se produjo en la llanura en frente de Mantinea fue la mayor batalla hoplita de la historia de Grecia. Participaron casi todos los estados griegos, en un lado o en otro. Con Beocia se alinearon una serie de aliados, con los tegeos, los megalopolitanos y los argivos entre ellos. En el lado de Mantinea y Esparta estaban también los atenienses, elisanos y muchos otros. Las infanterías de ambos ejércitos eran de entre 20.000 y 30.000 hombres.

Como en Leuctra, Epaminondas colocó a los tebanos en la izquierda, opuestos a los espartanos y mantineanos, con los aliados en la derecha. En los flancos colocó una importante fuerza de caballería reforzada con infantería. Con ello esperaba conseguir una rápida victoria en los enfrentamientos de caballería y comenzar a romper la falange enemiga.

La batalla se desarrolló como Epaminondas había planeado: las fuerzas de los flancos hicieron retroceder a la caballería de Atenas y Mantinea y comenzaron a atacar los flancos de la falange enemiga. En la batalla entre los hoplitas hubo un breve equilibrio inicial, pero luego los tebanos lograron romper las líneas espartanas, y la falange enemiga completa fue puesta en fuga. Parecía que iba a ser una nueva victoria decisiva de Tebas basada en el modelo de Leuctra pero, cuando los victoriosos tebanos se lanzaron en persecución de sus enemigos, Epaminondas fue herido mortalmente. Murió poco después.

A medida que las noticias de la muerte de Epaminondas se extendían en el campo de batalla de un soldado a otro, los aliados cesaron en su persecución del ejército derrotado, en una prueba de la importancia central de Epaminondas en la guerra. Jenofonte, que termina su relato con la batalla de Mantinea, hace el siguiente comentario sobre los resultados de la batalla:

Cuando todas estas cosas habían ocurrido, pasó lo contrario de lo que todos los hombres creían que iba a pasar. Puesto que cuando todas las gentes de Grecia se habían juntado y habían formado en líneas contrarias, no había nadie que no pensase que si la batalla fuese a tener lugar, aquellos que se demostrasen victoriosos fuesen a ser los nuevos líderes y los derrotados sus sometidos; pero la deidad ordenó que ambas partes se llevasen un trofeo como si hubiesen salido victoriosos y ninguno trató de estorbar a los otros, y que ambos devolvieron a los muertos bajo una tregua como si fueran victoriosos, y ambos recibieron a sus muertos bajo una tregua como si fueran derrotados, y mientras que ambas partes clamaban su victoria, ninguno demostró ser mejor que el otro, ni obtuvo territorios, ciudades o dominios que antes de la batalla no tuviese; e incluso hubo más confusión y desorden en Grecia después de la batalla que antes.[22]

Con sus últimas palabras, se dice que Epaminondas aconsejó a los tebanos hacer la paz, dado que no había nadie más que les pudiese liderar. Tras la batalla se firmó una paz común pasada en el statu quo.

Legado [editar]

Isaak Walraven, El lecho de muerte de Epaminondas. Rijksmuseum, Amsterdam.
Isaak Walraven, El lecho de muerte de Epaminondas. Rijksmuseum, Amsterdam.

Las biografías escritas sobre Epaminondas le describen siempre como uno de los personajes más capaces de los que aparecieron en las ciudades estado griegas en sus últimos 150 años de independencia. En asuntos militares se encuentra por encima de cualquier otro táctico en la historia griega, con la posible excepción de Filipo II de Macedonia, aunque algunos historiadores modernos han cuestionado su visión estratégica más amplia.[23] Su estrategia en Leuctra le permitió derrotar a la temida falange espartana con una fuerza más pequeña, y su decisión de rechazar el uso del flanco derecho fue el primer uso registrado de este tipo de estrategia militar en el campo de batalla. Muchos de los cambios tácticos que implementó serían luego usados por Filipo II, que pasó mucho tiempo en su juventud como rehén en Tebas, y que es posible que incluso aprendiese directamente del mismo Epaminondas.[24] Victor Davis Hanson ha sugerido que la formación filosófica de Epaminondas pudo haber contribuido al desarrollo de sus habilidades como general.[25]

En cuestión de carácter, Epaminondas estaba fuera de todo reproche a los ojos de los antiguos historiadores que recogieron su vida. Sus contemporáneos le alababan por desdeñar la riqueza material, compartiendo todas sus posesiones con los amigos y rechazando los sobornos. Al parecer, siendo uno de los últimos herederos de la tradición pitagórica, parece que vivió una vida simple y asceta incluso cuando su liderazgo le había catapultado hasta la posición más alta a la cabeza de toda Grecia.

En cierto modo, Epaminondas alteró de forma dramática la cara de Grecia en los 10 años en los que fue la figura central de la política. En el momento de su muerte, Esparta había sido golpeada y zarandeada, Mesenia había sido liberada y el Peloponeso se había reorganizado completamente. Desde otro punto de vista, sin embargo, dejó detrás una Grecia no muy distinta de la que había antes: las enemistades y las agrias diferencias que habían envenenado las relaciones entre las polis durante siglos seguían siendo tan profundas o más que lo que habían sido antes de Leuctra. La guerra brutal entre las distintas facciones que había habido desde la Guerra del Peloponeso y hasta entonces continuó igual, hasta que el surgimiento de Macedonia como potencia militar principal terminó con ella para siempre.

En Mantinea, Tebas se enfrentó a las fuerzas combinadas de los más grandes estados de Grecia, pero la victoria no le supuso ninguna ventaja. Con Epaminondas fuera de escena, los tebanos volvieron a su tradicional política defensiva, y unos años después Atenas les reemplazó en el liderazgo del sistema político griego. Ningún estado griego volvió a someter a Beocia de la misma forma en que se había visto sometida durante la hegemonía espartana, pero la influencia de Tebas se fue difuminando rápidamente en el resto de Grecia. Finalmente, en la Batalla de Queronea, las fuerzas combinadas de Tebas y Atenas, juntas en un intento desesperado de aguantar ante Filipo de Macedonia, fueron derrotadas de forma aplastante, y la independencia de Tebas llegó a su fin. Tres años después, empujados por un falso rumor de que Alejandro Magno había sido asesinado, los tebanos se rebelaron, y Alejandro aplastó la revuelta y destruyó la ciudad, masacrando o reduciendo a la esclavitud a todos sus ciudadanos.

Ruinas de Tebas
Ruinas de Tebas

Sólo 27 años después de la muerte del hombre que la había hecho preeminente en toda Grecia, la ciudad de Tebas fue borrada de la faz de la tierra. Su historia, que había durado un milenio, finalizó en sólo unos pocos días.[26]

Epaminondas, por lo tanto, es recordado por igual como libertador y como destructor. Fue considerado tanto en el mundo griego como en el romano como uno de los hombres más grandes de la historia. Cicerón le elogió como «el primer hombre, en mi opinión, de Grecia»[27] y Pausanias escribió un poema honorario para su tumba:

Por mis consejos fue Esparta privada de su gloria,
Y la santa Mesenia recibió por fin a sus hijos.
Con los brazos de Tebas fue Megalópolis rodeada de muros,
Y toda Grecia ganó la independencia y la libertad.[28]

Las acciones de Epaminondas fueron sin duda bienvenidas por los mesenios y por otros a los que ayudó en sus campañas contra Esparta. Esos mismos espartanos, sin embargo, habían estado en el centro de la resistencia ante las invasiones persas del siglo V a. C., y su ausencia sin duda se notó en Queronea. La guerra interminable de Grecia, en la que Epaminondas jugó un papel central, debilitó las ciudades de Grecia hasta que no pudieron mantenerse independientes frente a los vecinos del norte. Mientras que Epaminondas luchaba para asegurar la libertad de Beocia y de otros griegos, acercó al día en el que toda Grecia sería sometida por un invasor. Victor Davis Hanson sugiere que Epaminondas pudo haber planeado la creación de una Grecia unida compuesta por federaciones democráticas regionales, pero incluso si esta opinión fuese cierta, el plan nunca llegó a ser puesto en práctica. A pesar de todas su nobles cualidades, Epaminondas fue incapaz de superar el sistema griego de ciudades-estado, con su rivalidad endémica y su guerra continua, por lo que dejó Grecia todavía más arrasada por la guerra pero igual de dividida que la había encontrado.

Bibliografía [editar]

Notas [editar]

  1. Victor Davis Hanson, The Soul of Battle.
  2. Plutarco, Vida de Pelópidas.
  3. Atheneo, Deipnosophists, 605-606.
  4. Plutarco, Diálogo sobre el Amor (Moralia 761).
  5. El resto de la información de esta sección en la que no se cita expresamente otra fuente procede de Cornelio Nepote, Vida de Epaminondas.
  6. Toda la información en esta sección procede de J.V. Fine, The Ancient Greeks: A Critical History.
  7. Plutarco, Vida de Pelópidas.
  8. Jenofonte, Hellenica 5.4.10-19.
  9. Todos los detalles relacionados con la confederación beocia y su política proceden de Hanson, The Soul of Battle.
  10. Plutarco, Vida de Agesilao.
  11. Para estos acontecimientos y la descripción de la batalla, véase Diodoro, Library 15.52-56, Xenophon, Hellenica 6.4.4-20, y Plutarco, Vida de Pelópidas. Para una síntesis, véase Fine, The Ancient Greeks.
  12. Hanson, The Soul of Battle.
  13. Para la invasión y liberación de Mesenia véase Diodoro, Library 15.66, Jenofonte, Hellenica 6.5.27-32, y Plutarco, Vida de Pelópidas. Para una síntesis, véase Fine, The Ancient Greeks.
  14. Cornelio Nepote, Vida de Epaminondas.
  15. Fine, The Ancient Greeks.
  16. Plutarco, Vida de Pelópidas.
  17. Fine, The Ancient Greeks
  18. Jenofonte, Hellenica 7.1.41-43.
  19. Fine, The Ancient Greeks.
  20. Plutarco, Vida de Pelópidas.
  21. Para esta campaña y la batalla de Mantinea, véase a Diodoro, Library 15.82-89, Xenophon, Hellenica 7.5.9-27, y Plutarco, Vida de Agesilao. Para una síntesis, véase Fine, The Ancient Greeks.
  22. Jenofonte, Hellenica 7.5.26.
  23. James F. Lazenby, "Epaminondas," de The Oxford Classical Dictionary, Hornblower, Simon, and Antony Spawforth ed.
  24. Hanson, The Soul of Battle.
  25. Hanson, The Soul of Battle.
  26. Fine, The Ancient Greeks.
  27. Hanson, The Soul of Battle.
  28. Pausanias, Descripción de Grecia 9.15.6.

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2 comentarios

el autor, fino gastronomo. -

Eso es porque el chorizo, amable lector, no se fuma, sino que se come :-).

Jodo -

Menudo chorizo de post. No hay quien se lo fume.
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