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La Torre de Hercules

Cierra el cafe La Barra

Copio y pego de La Voz de Galicia:

" Ángeles Bugallo no puede contener las lágrimas. Ella tuvo el triste honor de tomar el último café de La Barra, un local que a las 20.43 horas del día de Nochebuena pone un imaginario cartel de clausurado en sus puertas, tras un pleito perdido por la familia que lo regenta desde hace 42 años. Lágrimas, partidas a las cartas y al parchís, fotos de recuerdo y botellas de champán son las imágenes de un día en un local que guarda parte de la historia social de la ciudad y que el único toque de modernidad que se permitió fue instalar hace unos 20 años mármol del Porriño sobre la barra original. «Estamos de luto», apuntaba una de las últimas clientas cuyos padres también eran asiduos.

José González López, de 82 años y que aún después de tanto tiempo sirviendo en el local se define como labrador, ayuda a los camareros a recoge las últimas copas. Será el encargado, como lo fue toda su vida, de restaurar las mesas y sillas de madera que eran la imagen del establecimiento. Las nuevas, de formica, serán donadas al Circo de Artesanos. El resto del contenido se trasladará a El Andén y La Roca, dos de los establecimientos en donde la familia tiene participación, tras no encontrar un local en la zona para seguir perpetuando el nombre La Barra.

Su hijo, Manuel González, que lleva en el local desde los 9 años, recuerda que fue un negocio del que nunca se despidió a nadie y que fue un café en el que trabajaron a destajo sus padres y sus tíos con la ayuda de dos camareros. «De 6 de la mañana a 2 de la madrugada y sirviendo entre 400 y 500 cafés diarios», apunta con orgullo. Un 10% de la clientela es fija desde 1962. «Algunos no fallan ni por enfermedad», comenta.

Ahora Manuel González, Julio Soengas, Juan Carlos García, Carlos Pisos y Ángel Caamaño, los trabajadores, deberán buscar otra ocupación. En la hora final se mezclan recuerdos de todo tipo. Los de aquellos compañeros de mesa que dieron su último suspiro jugando la partida, hasta la imagen de compañías enteras de teatro «cuando el Rosalía tenía vida». José González, emocionado, dice que lo único malo fue cuando, en un intento de atraco, recibió dos cuchilladas, y la explosión de una bombona. «Mi mujer quedó sin medias», recuerda esbozando una sonrisa pícara.

El martes, a las diez de la mañana, las llaves pasarán a los propietarios del bajo, con los que no hubo posibilidad de llegar a un acuerdo. "

Si a esto unimos que Juguete Freijido tambien se now va, cada vez nos queda una Calle Real mas moderna, mas de franquicias, menos coruñesa. Ya se nos mueren esos negocios coruñeses de toda la vida. Ya La Coruña es igual que Vigo, que Santiago, que Orense. Adios a esas tiendas y negocios de toda la vida. Una pena.
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