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La Torre de Hercules

La pregunta

-¿Por que sigo viva?

-Callate.

Obedece, quedando en silencio. Y sin embargo es una buena pregunta, una excelente pregunta. Ojala tuviese una respuesta para darle. Y para darme. ¿Por que no la he matado a ella tambien? ¿Por que la cogi del brazo y la arrastre hacia el coche mientras la casa ardia? Si la dejo marchar testificara contra mi, lo que nunca ha sucedido. Siempre he tenido mucho cuidado en mi trabajo. Ni huellas ni testigos. Nada. Hasta ahora.

Detengo el coche en el arcen. Da un respingo pero no desvia la vista de la carretera. La miro, intentando saber porque la he perdonado. No es por su belleza. No es fea, pero tampoco hermosa. Una chica normal. Aparenta unos veinticinco años. Respira con fuerza y el sudor resbala por su cara. Me doy cuenta de que yo tambien tengo calor, como si estuviese en un horno. Abro la puerta y bajo. Sin perderla de vista rodeo el coche y abro su puerta. Le hago un gesto y ella baja. Echa a andar delante de mi, mis ojos fijos en sus manos esposadas. Los dedos estan crispados. Se que hago lo correcto, que debo eliminarla, pero sigo sin saber la razon de que todavia este viva.

- Parate.

Saco la pistola de la cartuchera. Compruebo que el silenciador este bien ajustado. Por el peso se que el cargador aun tiene dos balas. Levanto el arma y apunto a su nuca. Morira sin dolor. Rapido y piadoso.

-¿ Por que?

El sobresalto esta a punto de hacerme disparar. Bajo el arma.

-¿Por que, que?

¿Por que me has traido hasta aqui? ¿Por que no me mataste en la casa? Si voy a morir no creo que te importe decirmelo.

-Date la vuelta.

Lo hace. Me mira por unos momentos. Luego baja la cabeza y cierra los ojos.

-Mirame.

Una pausa. No lo hace. Aprieta los ojos con fuerza, como esperando la bala que le destino, casi...casi como si no tuviese esperanza de saber la respuesta.

-No quiero verlo. Hazlo asi, por sorpresa. Que yo no me de cuenta. Por favor. Padre nuestro, que estas en los cielos, santificado sea tu...

Continua rezando mientras espera que la mate. Me irrito. No le dare esa satisfaccion. Quiero que sepa que solamente le quedan unos segundos de vida. Me adelanto unos pasos y apoyo la boca del cañon en su cabeza.Se detiene un momento y enseguida reanuda su oracion. Acaba.

-Corre, corre y salvate.

-No me hagas daño, por favor. No quiero sufrir. Matame ahora. Que sea algo limpio, por favor, no me tortures, por favor.

Queda en silencio. Admiro su valor. De pronto ya se porque la perdone en la casa. Fue su mirada. Aguanto mi mirada cuando apunte a su corazon. No hubo temblores ni suplicas. Acepto su destino sin quejarse. En cierto modo me recuerda mi juventud.

-Eres valiente. Me gusta eso en una mujer. Sigue asi.

Doy la vuelta y subo al coche. Ha dejado de rezar. No se mueve, no habla. Espero que disfrute de mi regalo. Me siento, cierro la ventanilla. La veo mirandome, no estoy seguro pero parece que sus labios se mueven, como diciendo algo, me parece saber lo que. Arranco y la musica vuelve a oirse.

El Requiem de Mozart. Sonrio. Siempre he considerado que es un tema muy acorde con mi trabajo. Vuelvo a pensar en la mujer. Se lo merece. Al dejarla atras murmuro:

-De nada.
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