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La Torre de Hercules

Dia de la Biblioteca. Y una dedicatoria.

SEgun mis cuentas, hoy es 24 de Octubre, Dia de la biblioteca. O del Almacen de libros, segun vieja y privada broma. Asiq ue me gustaria hacerle una dedicatoria especial a mi bibliotecaria preferida, capaz de encontrarme un libro del que solo recordaba el genero y el color del lomo ( veridico ). Asi que,este cuento es para ti, Abi:

La Biblioteca de Babel - Jorge Luis Borges.


El universo (que otros llaman la Biblioteca) se componte de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito... La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.

Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita. Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto o, por lo menos, de nuestra intuición del espacio. Razonan que es inconcebible una sala triangular o pentagonal. (Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de lomo continuo, que da toda la vuelta de las paredes; pero su testimonio es sospechoso; sus palabras, oscuras. Ese libro cíclico es Dios.) Básteme, por ahora, repetir el dictamen clásico: La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.

A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas. Sé que esa inconexión, alguna vez, pareció misteriosa. Antes de resumir la solución (cuyo descubrimiento, a pesar de sus trágicas proyecciones, es quizá el hecho capital de la historia) quiero rememorar algunos axiomas.

El primero: La Biblioteca existe ab alterno. De esa verdad cuyo colorario inmediato es la eternidad futura del mundo, ninguna mente razonable puede dudar. El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos; el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrinas para el bibliotecario sentado, sólo puede ser obra de un dios. Para percibir la distancia que hay entre lo divino y lo humano, basta comparar estos rudos símbolos trémulos que mi falible mano garabatea en la tapa de un libro, con las letras orgánicas del interior: puntuales, delicadas, negrísimas, inimitablemente simétricas.

El segundo: El número de símbolos ortográficos es veinticinco. Esa comprobación permitió, hace trescientos años, formular una teoría general de la Biblioteca y resolver satisfactoriamente el problema que ninguna conjetura había descifrado: la naturaleza informe y caótica de casi todos los libros. Uno, que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras MCV perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro (muy consultado en esta zona) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice «Oh tiempo tus pirámides». Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. (Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos no es del todo falaz.)

Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables MCV no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de MCV en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.

Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.

Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza. En aquel tiempo se habló mucho de las Vindicaciones: libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir. Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron... Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la suya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero.

También se esperó entonces la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo. Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma. Hace ya cuatro siglos que los hombres fatigan los hexágonos... Hay buscadores oficiales, inquisidores. Yo los he visto en el desempeño de su función: llegan siempre rendidos; hablan de una escalera sin peldaños que casi los mató; hablan de galerías y de escaleras con el bibliotecario; alguna vez, toman el libro más cercano y lo hojean, en busca de palabras infames. Visiblemente, nadie espera descubrir nada.

A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva. La certidumbre de que algún anaquel en algún hexágono encerraba libros preciosos y de que esos libros preciosos eran inaccesibles, pareció casi intolerable. Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don del azar, esos libros canónicos. Las autoridades se vieron obligadas a promulgar órdenes severas. La secta desapareció, pero en mi niñez he visto hombres viejos que largamente se ocultaban en las letrinas, con unos discos de metal en un cubilete prohibido, y débilmente remedaban el divino desorden.

Otros, inversamente, creyeron que lo primordial era eliminar las obras inútiles. Invadían los hexágonos, exhibían credenciales no siempre falsas, hojeaban con fastidio un volumen y condenaban anaqueles enteros: a su furor higiénico, ascético, se debe la insensata perdición de millones de libros. Su nombre es execrado, pero quienes deploran los «tesoros» que su frenesí destruyó, negligen dos hechos notorios. Uno: la Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal. Otro: cada ejemplar es único, irreemplazable, pero (como la Biblioteca es total) hay siempre varios centenares de miles de facsímiles imperfectos: de obras que no difieren sino por una letra o por una coma. Contra la opinión general, me atrevo a suponer que las consecuencias de las depredaciones cometidas por los Purificadores, han sido exageradas por el horror que esos fanáticos provocaron. Los urgía el delirio de conquistar los libros del Hexágono Carmesí: libros de formato menor que los naturales; omnipotentes, ilustrados y mágicos.

También sabemos de otra superstición de aquel tiempo: la del Hombre del Libro. En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios. En el lenguaje de esta zona persisten aún vestigios del culto de ese funcionario remoto. Muchos peregrinaron en busca de Él. Durante un siglo fatigaron en vano los más diversos rumbos. ¿Cómo localizar el venerado hexágono secreto que lo hospedaba? Alguien propuso un método regresivo: Para localizar el libro A, consultar previamente un libro B que indique el sitio de A; para localizar el libro B, consultar previamente un libro C, y así hasta lo infinito... En aventuras de ésas, he prodigado y consumido mis años. No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total; ruego a los dioses ignorados que un hombre - ¡uno solo, aunque sea, hace miles de años! - lo haya examinado y leído. Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme Biblioteca se justifique.

Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de «la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira». Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto. Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula «Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo». Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica; esa justificación es verbal y, ex hypothesi, ya figura en la Biblioteca. No puedo combinar unos caracteres dhcmrlchtdj que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admite la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor. Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?).

La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana - la única - está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.

Acabo de escribir infinita. No he interpolado ese adjetivo por una costumbre retórica; digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.

FIN

Palabras nuevas, sin usar.

«Ojalá dispusiera de frases no conocidas, de expresiones extrañas, en algún nuevo lenguaje jamás empleado antes, libre de repeticiones, de palabras rancias ya desgastadas por los antepasados», dijo Khakheperresenb, escriba egipcio, hace, más o menos, cuatro mil años.

Copiado desde una de mis citas de visita diarias, el Librillo de apuntes de Ramon Buenaventura.

Autobus contra la osteoporosis.

Desde El Ideal Gallego:

" El denominado "Bus de la salud" llegará mañana a la ciudad, de la mano de la quinta campaña "Toma calcio y cuida tu salud" para la prevención de la enfermedad de la osteoporosis.

Este autobús itinerante llega a A Coruña tras su paso por Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla, con el objetivo de concienciar a la población de que para prevenir la citada dolencia hay que acudir al médico, "el profesional que puede orientar y tratar" a los posibles afectados.

En la presentación de este novedoso programa de divulgación intervendrán Fausto Galdo, jefe del servicio de Reumatología del hospital Juan Canalejo de A Coruña, la periodista Rosa María Mateo, y la responsable de Novartis, Anna Sabala. La cita será mañana a las 10.30 horas, en el propio autobús, que estará aparcado entre las calles de Marchesi y Dalmau, frente a los jardines de Méndez Núñez y el hotel Atlántico. "

¿Mia?

Los Rebeldes - Mia.
(C. Segarra)


Si ella fuera emperatriz
yo sería su soldado.
Le daría un reino
si no tuviera donde reinar.
Sería la joya de su corona
y así cerca de sus ojos poder estar
compartiendo la belleza de su majestad.

Si existiera un Camelot
yo sería su cruzado.
Ella sería Ginebra
y yo Lancelot Dulac.
Aunque hubiera de viajar
de un reino a otro por tierra o por mar
yo traería ante sus ojos el Santo Grial.

Ella es mía aunque nunca esté a mi lado.
Noche y día, ella es mi ilusión.
Ella es mía, ella es mía.
Me basta con tenerla en mi corazón.
Nunca sabrá de mi amor.

Si no fuera nada más
que una mísera doncella
cada noche en su balcón
sería su juglar.
Su cara como una estrella
no dejaría a la luna brillar.
Sólo para sus oídos será mi cantar.

Fiesta para celebrar el lanzamiento de Firefox 2.

Me encuentro con esto en El Mundo:

" MADRID.- La Fundación Mozilla, debido al lanzamiento de Firefox 2.0, ha sugerido organizar una fiesta internacional, que se celebrará dentro de una semana, para todos los entusiastas a este popular navegador.

El 27 de octubre ha sido la fecha elegida para que todos los aficionados se reúnan y celebren el lanzamiento de este navegador basado en 'software' libre.

En España dos ciudades se han 'apuntado' a esta celebración: Madrid y Barcelona.
A ellas podrán acudir todo el que lo desee, sólo deberán registrarse en la pagina Firefox party y desplazarse al lugar que por consenso sea elegido.

Como si de una fiesta de alumnos de fin de curso se tratara, algunos usuarios de Firefox en España están en contacto a través de la red para llegar a un acuerdo sobre los actos del día.

Los organizadores han abierto un wiki para el que quiera colaborar pueda hacerlo: proponen ideas sobre el lugar, la música que van escuchar o confirman su asistencia.

Además, para que exista una mayor unión entre las 318 fiestas que hasta el momento se han registrado en la página web oficial, en la tienda de Mozilla de EEUU se ha puesto a la venta una camiseta que han diseñado para la ocasión.

Al igual que en España, otros países como Egipto, Israel, Jordania... se sumarán a este acto el mismo día para celebrar el nuevo lanzamiento del navegador.

Ésta no es la primera fiesta que la Fundación Mozilla organiza. El pasado 15 de julio celebró el aniversario de la organización y el 'Día de Firefox' con una campaña de publicidad. Esta iniciativa animaba a los usuarios del navegador a invitar a otras personas a que lo utilizaran.

Todas las nuevas versiones siempre son un aliciente para que la fundación lleve a cabo fiestas por todo el planeta. "

¿Que decis? ¿Nos animamos a hacer una quedada o similar en La Coruña para celebrarlo?

Ozymandias, Rey de Reyes.

Desde aqui:

" Conocí a un viajero venido de una lejana tierra.
Dijo: Dos vastas piernas de piedra, sin el cuerpo
se elevan en el desierto... Y cerca, en la arena,
medio enterrado, yace un semblante roto, cuyo ceño,
y su labio arrugado, y de frío dominio su desdeñosa mueca
muestran que el escultor muy bien tales pasiones leyó
que aun permanecen, estampadas en estas cosas inertes,
la mano que las remedó, y el corazón que sustentó:
Y en el pedestal se leen estas palabras:
"Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, Poderosos, y perded la esperanza!"
Nada más queda. Alrededor de la decadencia
de las ruinas colosales, desnuda e ilimitada
la arena solitaria y nivelada se extiende a la distancia.

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I met a traveller from an antique land
Who said: Two vast and trunkless legs of stone
Stand in the desert... Near them, on the sand,
Half sunk, a shattered visage lies, whose frown,
And wrinkled lip, and sneer of cold command,
Tell that its sculptor well those passions read
Which yet survive, stamped on these lifeless things,
The hand that mocked them, and the heart that fed:
And on the pedestal these words appear:
'My name is Ozymandias, king of kings:
Look on my works, ye Mighty, and despair!'
Nothing beside remains. Round the decay
Of that colossal wreck, boundless and bare
The lone and level sands stretch far away. "

La loteria de Babilonia.

Jorge Luis Borges (Ficciones - 1944)

La Loteria en Babilonia

Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles. Miren: a mi mano derecha le falta el índice. Miren: por este desgarrón de la capa se ve en mi estómago un tatuaje bermejo: es el segundo símbolo, Beth. Esta letra, en las noches de luna llena, me confiere poder sobre los hombres cuya marca es Ghimel, pero me subordina a los de Aleph, que en las noches sin luna deben obediencia a los Ghimel. En el crepúsculo del alba, en un sótano, he yugulado ante una piedra negra toros sagrados. Durante un año de la luna, he sido declarado invisible: gritaba y no me respondían, robaba el pan y no me decapitaban. He conocido lo que ignoran los griegos: la incertidumbre. En una cámara de bronce, ante el pañuelo silencioso del estrangulador, la esperanza me ha sido fiel; en el río de los deleites, el pánico. Heráclides Póntico refiere con admiración que Pitágoras recordaba haber sido Pirro y antes Euforbo y antes algún otro mortal; para recordar vicisitudes análogas yo no preciso recurrir a la muerte ni aun a la impostura.

Debo esa variedad casi atroz a una institución que otras repúblicas ignoran o que obra en ellas de modo imperfecto y secreto: la lotería. No he indagado su historia; sé que los magos no logran ponerse de acuerdo; sé de sus poderosos propósitos lo que puede saber de la luna el hombre no versado en astrología. Soy de un país vertiginoso donde la lotería es parte principal de la realidad: hasta el día de hoy, he pensado tan poco en ella como en la conducta de los dioses indescifrables o de mi corazón. Ahora, lejos de Babilonia y de sus queridas costumbres, pienso con algún asombro en la lotería y en las conjeturas blasfemas que en el crepúsculo murmuran los hombres velados.

Mi padre refería que antiguamente -¿cuestión de siglos, de años?- la lotería en Babilonia era un juego de carácter plebeyo. Refería (ignoro si con verdad) que los barberos despachaban por monedas de cobre rectángulos de hueso o de pergamino adornados de símbolos. En pleno día se verificaba un sorteo: los agraciados recibían, sin otra corroboración del azar, monedas acuñadas de plata. El procedimiento era elemental, como ven ustedes.

Naturalmente, esas "loterías" fracasaron. Su virtud moral era nula. No se dirigían a todas las facultades del hombre: únicamente a su esperanza. Ante la indiferencia pública, los mercaderes que fundaron esas loterías venales comenzaron a perder el dinero. Alguien ensayó una reforma: la interpolación de unas pocas suertes adversas en el censo de números favorables. Mediante esa reforma, los compradores de rectángulos numerados corrían el doble albur de ganar una suma y de pagar una multa a veces cuantiosa. Ese leve peligro (por cada treinta números favorables había un número aciago) despertó, como es natural, el interés del público. Los babilonios se entregaron al juego. El que no adquiría suertes era considerado un pusilánime, un apocado. Con el tiempo, ese desdén justificado se duplicó. Era despreciado el que no jugaba, pero también eran despreciados los perdedores que abonaban la multa. La Compañía (así empezó a llamársela entonces) tuvo que velar por los ganadores, que no podían cobrar los premios si faltaba en las cajas el importe casi total de las multas. Entabló una demanda a los perdedores: el juez los condenó a pagar la multa original y las costas o a unos días de cárcel. Todos optaron por la cárcel, para defraudar a la Compañía. De esa bravata de unos pocos nace el todopoder de la Compañía: su valor eclesiástico, metafísico.

Poco después, los informes de los sorteos omitieron las enumeraciones de multas y se limitaron a publicar los días de prisión que designaba cada número adverso. Ese laconismo, casi inadvertido en su tiempo, fue de importancia capital. Fue la primara aparición en la lotería de elementos no pecuniarios. El éxito fue grande. Instada por los jugadores, la Compañía se vio precisada a aumentar los números adversos.

Nadie ignora que el pueblo de Babilonia es muy devoto de la lógica, y aun de la simetría. Era incoherente que los números faustos se computaran en redondas monedas y los infaustos en días y noches de cárcel. Algunos moralistas razonaron que la posesión de monedas no siempre determina la felicidad y que otras formas de la dicha son quizá más directas.

Otra inquietud cundía en los barrios bajos. Los miembros del colegio sacerdotal multiplicaban las puestas y gozaban de todas las vicisitudes del terror y de la esperanza; los pobres (con envidia razonable o inevitable) se sabían excluidos de ese vaivén, notoriamente delicioso. El justo anhelo de que todos, pobres y ricos, participasen por igual en la lotería, inspiró una indignada agitación, cuya memoria no han desdibujado los años. Algunos obstinados no comprendieron (o simularon no comprender) que se trataba de un orden nuevo, de una etapa histórica necesaria... Un esclavo robó un billete carmesí, que en el sorteo lo hizo acreedor a que le quemaran la lengua. El código fijaba esa misma pena para el que robaba un billete. Algunos babilonios argumentaban que merecía el hierro candente, en su calidad de ladrón; otros, magnánimos, que el verdugo debía aplicárselo porque así lo había determinado el azar... Hubo disturbios. hubo efusiones lamentables de sangre; pero la gente babilónica impuso finalmente su voluntad, contra la oposición de los ricos. El pueblo consiguió con plenitud sus fines generosos. En primer término, logró que la Compañía aceptara la suma del poder público. (Esa unificación era necesaria, dada la vastedad y complejidad de las nuevas operaciones.) En segundo término, logró que la lotería fuera secreta, gratuita y general. Quedó abolida la venta mercenaria de suertes. Ya iniciado en los misterios de Bel todo hombre libre automáticamente participaba en los sorteos sagrados, que se efectuaban en los laberintos del dios cada sesenta noches y que determinaban su destino hasta el otro ejercicio. Las consecuencias eran incalculables. Una jugada feliz podía motivar su elevación al concilio de magos o la prisión de un enemigo (notorio o íntimo) o el encontrar, en la pacífica tiniebla del cuarto, la mujer que empieza a inquietarnos o que no esperábamos rever; una jugada adversa: la mutilación, la variada infamia, la muerte. A veces un solo hecho cl tabernario asesinato de C, la apoteosis misteriosa de B--era la solución genial de treinta o cuarenta sorteos. Combinar las jugadas era difícil; pero hay que recordar que los individuos de la Compañía eran (y son) todopoderosos y astutos. En muchos casos, el conocimiento de que ciertas felicidades eran simple fábrica del azar, hubiera aminorado su virtud; para eludir ese inconveniente, los agentes de la Compañía usaban de las sugestiones y de la magia. Sus pasos, sus manejos, eran secretos. Para indagar las íntimas esperanzas y los íntimos terrores de cada cual, disponían de astrólogos y de espías. Había ciertos leones de piedra, había una letrina sagrada llamada Qaphqa, había unas grietas en un polvoriento acueducto que, según opinión general, daban a la Compañía; las personas malignas o benévolas depositaban delaciones en esos sitios. Un archivo alfabético recogía esas noticias de variable veracidad.

Increíblemente, no faltaron murmuraciones. La Compañía, con su discreción habitual, no replicó directamente. Prefirió borrajear en los escombros de una fábrica de caretas un argumento breve, que ahora figura en las escrituras sagradas. Esa pieza doctrinal observaba que la lotería es una interpolación del azar en el orden del mundo y que aceptar errores no es contradecir el azar: es corroborarlo. Observaba asimismo que esos leones y ese recipiente sagrado, aunque no desautorizados por la Compañía (que no renunciaba al derecho de consultarlos), funcionaban sin garantía oficial.

Esa declaración apaciguó las inquietudes públicas. También produjo otros efectos, acaso no previstos por el autor. Modificó hondamente el espíritu y las operaciones de la Compañía. Poco tiempo me queda; nos avisan que la nave está por zarpar; pero trataré de explicarlo.

Por inverosímil que sea, nadie había ensayado hasta entonces una teoría general de los juegos. El babilonio no es especulativo. Acata los dictámenes del azar, les entrega su vida, su esperanza, su terror pánico, pero no se le ocurre investigar sus leyes laberínticas, ni las esferas giratorias que lo revelan. Sin embargo, la declaración oficiosa que he mencionado inspiró muchas discusiones de carácter jurídico-matemático. De alguna de ellas nació la conjetura siguiente: Si la lotería es una intensificación del azar, una periódica infusión del caos en el cosmos ¿no convendría que el azar interviniera en todas las etapas del sorteo y no en una sola? ¿No es irrisorio que el azar dicte la muerte de alguien y que las circunstancias de esa muerte la reserva, la publicidad, el plazo de una hora o de un siglo--no estén sujetas al azar? Esos escrúpulos tan justos provocaron al fin una considerable reforma, cuyas complejidades (agravadas por un ejercicio de siglos) no entienden sino algunos especialistas, pero que intentaré resumir, siquiera de modo simbólico.

Imaginemos un primer sorteo, que dicta la muerte de un hombre. Para su cumplimiento se procede a un otro sorteo, que propone (digamos) nueve ejecutores posibles. De esos ejecutores, cuatro pueden iniciar un tercer sorteo que dirá el nombre del verdugo, dos pueden reemplazar la orden adversa por una orden feliz (el encuentro de un tesoro, digamos), otro exacerbará la muerte (es decir la hará infame o la enriquecerá de torturas), otros pueden negarse a cumplirla... Tal es el esquema simbólico. En la realidad el número de sorteos es infinito. Ninguna decisión es final, todas se ramifican en otras. Los ignorantes suponen que infinitos sorteos requieren un tiempo infinito; en realidad basta que el tiempo sea infinitamente subdivisible, como lo enseña la famosa parábola del Certamen con la Tortuga. Esa infinitud condice de admirable manera con los sinuosos números del Azar y con el Arquetipo Celestial de la Lotería, que adoran los platónicos... Algún eco deforme de nuestros ritos parece haber retumbado en el Tíber: Elio Lampridio, en la Vida de Antonino Heliogábalo, refiere que este emperador escribía en conchas las suertes que destinaba a los convidados, de manera que uno recibía diez libras de oro y otro diez moscas, diez lirones, diez osos. Es lícito recordar que Heliogábalo se educó en el Asia Menor, entre los sacerdotes del dios epónimo.

También hay sorteos impersonales, de propósito indefinido: uno decreta que se arroje a las aguas del Éufrates un zafiro de Taprobana; otro, que desde el techo de una torre se suelte un pájaro; otro, que cada siglo se retire (o se añada) un grano de arena de los innumerables que hay en la playa. Las consecuencias son, a veces, terribles.

Bajo el influjo bienhechor de la Compañía, nuestras costumbres están saturadas de azar. El comprador de una docena de ánforas de vino damasceno no se maravillará si una de ellas encierra un talismán o una víbora; el escribano que redacta un contrato no deja casi nunca de introducir algún dato erróneo; yo mismo, en esta apresurada declaración, he falseado algún esplendor, alguna atrocidad. Quizá, también, alguna misteriosa monotonía... Nuestros historiadores, que son los más perspicaces del orbe, han inventado un método para corregir el azar; es fama que las operaciones de ese método son (en general) fidedignas; aunque, naturalmente, no se divulgan sin alguna dosis de engaño. Por lo demás, nada tan contaminado de ficción como la historia de la Compañía... Un documento paleográfico, exhumado en un templo, puede ser obra del sorteo de ayer o de un sorteo secular. No se publica un libro sin alguna divergencia entre cada uno de los ejemplares. Los escribas prestan juramento secreto de omitir, de interpolar, de variar. También se ejerce la mentira indirecta.

La Compañía, con modestia divina, elude toda publicidad. Sus agentes, como es natural, son secretos; las órdenes que imparte continuamente (quizá incesantemente) no difieren de las que prodigan los impostores. Además ¿quién podrá jactarse de ser un mero impostor? El ebrio que improvisa un mandato absurdo, el soñador que se despierta de golpe y ahoga con las manos a la mujer que duerme a su lado ¿no ejecutan, acaso, una secreta decisión de la Compañía? Ese funcionamiento silencioso, comparable al de Dios, provoca toda suerte de conjeturas. Alguna abominablemente insinúa que hace ya siglos que no existe la Compañía y que el sacro desorden de nuestras vidas es puramente hereditario, tradicional; otra la juzga eterna y enseña que perdurará hasta la última noche, cuando el último dios anonade el mundo. Otra declara que la Compañía es omnipotente, pero que sólo influye en cosas minúsculas: en el grito de un pájaro, en los matices de la herrumbre y del polvo, en los entresueños del alba. Otra, por boca de heresiarcas enmascarados, que no ha existido nunca y no existirá. Otra, no menos vil, razona que es indiferente afirmar o negar la realidad de la tenebrosa corporación, porque Babilonia no es otra cosa que un infinito juego de azares.

* El texto en pdf.

Actividades sobre Pablo Picasso.

Desde La Voz de Galicia:

" A lo largo y ancho de las ciudades que, de alguna forma, están marcadas por el paso de Picasso -véase Málaga o A Coruña-, continúan surgiendo distintas iniciativas relativas al 125 aniversario del nacimiento del artista. Y cuanto más se acerca la fecha señalada -nació el 25 de octubre de 1885-, más actividades hay.

Este fin de semana convergen dos en A Coruña. La primera de ellas lleva a la casa museo del pintor a abrir sus puertas. Habitualmente, para visitar el inmueble situado en la calle Payo Gómez, debe realizarse previamente una reserva, pero tanto hoy como mañana permanecerá abierta de 10 a 15 horas y de 17 a 21.

El domingo continúan las actividades, en este caso con una representación teatral que se mezcla con las labores de un guía turístico. Y es que miembros de la compañía Furabolos Teatro y de la Asociación Manicomicos saldrán a la calle a las 13 horas para realizar un recorrido por los lugares marcados por la presencia del pintor. Arranca la ruta en el número 54 de la calle Real, donde Picasso hizo su primera exposición.

Durante el paseo, distintos personajes y situaciones de la vida del artista irán representándose para los asistentes mientras se cuenta la historia de la estancia del joven Pablo Picasso en la ciudad, y sus cuadros cobrarán vida.

Así, los personajes de obras como Paúl Vestido de Arlequín -el hijo del pintor-, harán de guías en este periplo en el que también participarán las Señoritas de Avignon o la Familia de Acróbatas con Simio. Todo un recorrido a través de representaciones de las etapas clave en la obra artística de Pablo Ruiz Picasso. "

* Museo Picasso.

* Pagina oficial.

La biblioteca de Elviña abrira los sabados.

Desde La Voz de Galicia:

" A partir de mañana, la biblioteca pública Miguel González Garcés -dependiente de la Xunta- volverá a abrir todos los sábados, después un período en el que, «por problemas relacionados co respecto das condicións laborais do personal que as xestiona» ( o sea, que faltaba gente ), se vieron obligados a cerrar las puertas durante el fin de semana.

Desde la Dirección Xeral de Creación e Difusión Cultural, adscrita a la Consellería de Cultura, consideran «imprescindible non soamente cumprir coa legalidad, senón garantir o benestar das traballadores e as condicións necesarias de atención al público. Agora retómase un servizo moi demandado para o tempo libre da poboación que atenden» ( y no solo de tiempo libre, que hay quien usa la biblioteca para estudiar o trabajar ). Por ello, una vez que se han solucionado los ajustes de horario de los empleados, la González Garcés abrirá mañana todas sus salas -consulta, préstamo, hemeroteca, infantil y fonoteca-, entre las 10 y las 14 horas. "

Lista definitiva de admitidos en los pisos de Tabacos.

Directamente desde la web del Ayuntamiento. Ojo, es un documento en pdf, asi que puede necesitar algo de tiempo para cargarse en tu navegador.

Nueva conferencia sobre arte en la Fundacion Barrie.

Directamente de la nota de prensa:

" El Museo del Prado y el arte contemporáneo.
La influencia de los grandes maestros del pasado
en el arte de vanguardia

Conferencia inaugural:

El Museo del Prado y el arte contemporáneo
FRANCISCO CALVO SERRALLER
Nace en Madrid en 1948. Es catedrático de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid. Miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde 1999, director del Museo del Prado entre 1993 y 1994, comisario en diversas exposiciones así como director de cursos en numerosas instituciones nacionales y participante en congresos, cursos y seminarios internacionales.
A su amplia labor docente e investigadora une la de crítico de arte en diferentes medios de comunicación.


Fecha: Jueves, 19 de octubre
Lugar: Fundación Pedro Barrié de la Maza. Cantón Grande, 9. A Coruña

Encuentro con los medios de comunicación: 18 horas
Conferencia: 20 horas
Entrada libre / aforo limitado

La Fundación Pedro Barrié de la Maza organiza, en colaboración con la Fundación Amigos del Museo del Prado, este ciclo, que reunirá a especialistas nacionales e internacionales, que pongan en evidencia los vínculos tradicionales del arte de vanguardia del siglo XX, muy en particular la relación entre los artistas que hoy ocupan las principales salas de los museo de arte contemporáneo de todo el mundo, y los maestros que exhiben su obra en el Museo del Prado.
Aunque de forma artificial se suele establecer una separación abismal entre el arte contemporáneo y el arte del pasado, la realidad es que el arte no ha tenido, ni tiene edad, porque cambia, pero no progresa. En este sentido, la separación tradicional entre museos históricos y museos arqueológicos; esto es: entre museos que entienden de arte, y museos que lo hacen sólo con la antigüedad, se mantiene hoy vigente.
El ciclo El Museo del Prado y el arte contemporáneo. La influencia de los grandes maestros del pasado en el arte de vanguardia trata de subrayar, cómo el mejor arte de vanguardia del siglo XX se ha hecho a partir de, y a través de, el arte tradicional, como, por cierto, lo subrayan en especial los artistas españoles, los cuales han dialogado, y dialogan, a través de los siglos abriéndose así simultáneamente al pasado y al futuro.
El ciclo, incluido en la programación cultural de la Fundación Pedro Barrié de la Maza desde el año 1999, tendrá lugar en las sedes de la Fundación en A Coruña y Vigo. Los ciclos anteriores se dedicaron a El Bosco, Tiziano, El Greco, Velázquez, el Bodegón, Francisco de Goya las escenas de género y los cuadros de Historia en el Museo del Prado.

PROGRAMA A CORUÑA

Auditorio Fundación Pedro Barrié de la Maza
Cantón Grande, 9. A Coruña

19 octubre
Francisco Calvo Serraller
El Museo del Prado y el arte contemporáneo

2 noviembre
José Luis Borau
El Papa y sus antípodas

16 noviembre
Norman Rosenthal
Goya, nuestro contemporáneo "

Asociacion de vecinos del Ventorrillo.

Os dejo aqui ( y tambien en la correspondiente seccion ) el enlace a la web de la Asociacion de vecinos del Ventorrillo.

De letras de canciones y enlaces en la mulita.

Estos dias estoy probando una novedad. Como ya sabeis, a veces me da por poner las letras de canciones. Normalmente de las que tengo sonando toda una tarde o noche. El otro dia me llego un correo de una lectora comentandome que le gustaria saber donde conseguir una cancion. Y leyendolo me di cuenta de que no era ninguna tonteria. Asi que desde ahora, los titulos de las canciones seran enlaces a una descarga directa del emule. Lo que, por cierto, sigue siendo legal en España, pues es solo un enlace y nada mas.

Nueva web sobre barrio coruñes: Someso.

Me llego hoy una peticion de enlace para esta web: WWW.SOMESO.NET. Poco a poco, parece que se va creando una Coruña paralela en internet. Esperemos que continue siendo particular, porque todos sabemos lo que pasaria si nuestros queridos politicos y similares se dieran cuenta de su potencial informativo y le echaran el guante :-). Jo, que cosas pienso un lunes por la mañana, ¿verdad?

Paris en el mes de Agosto.

Paris au mois d´août - Charles Aznavour

Balayé par septembre
Notre amour d'un été
Tristement se démembre
Et se meurt au passé
J'avais beau m'y attendre
Mon cœur vide de tout
Ressemble à s'y méprendre
A Paris au mois d'août

De larmes et de rires
Etait fait notre amour
Qui redoutant le pire
Vivait au jour le jour
Chaque rue, chaque pierre
Semblaient n'être qu'à nous
Nous étions seuls sur terre
A Paris au mois d'août

Pour te dire je t'aime
Aussi loin que tu sois
Une part de moi-même
Reste accrochée à toi
Et l'autre solitaire
Recherche de partout
L'aveuglante lumière
De Paris au mois d'août

Dieu fasse que mon rêve
De retrouver un peu
Du mois d'août sur tes lèvres
De Paris dans tes yeux
Prenne forme et relance
Notre amour un peu fou
Pour que tout recommence
A Paris au mois d'août

Conferencia sobre arquitectura en la Fundacion Barrie.

EL dia 17 habra una conferencia, dentro del ciclo Visiones de Arquitectura. Os copio directamente de la nota de prensa:

17 octubre
Antonio Fernández-Alba
Evocación del arquitecto como Príncipe melancólico

Nacido en Salamanca en 1927 es arquitecto titulado (1957) y doctor arquitecto (1963) por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Entre 1959 y 2002 ha sido profesor de dicha Escuela en la que obtiene la Cátedra de Elementos de Composición en 1970. Ha sido profesor emérito de la Universidad Politécnica de Madrid (1998-2003). Ha sido profesor invitado en las facultades de arquitectura de Roma, Helsinki y Milán, desarrollando cursos y conferencias en colegios y facultades de la América Latina (Argentina, Colombia, México y Santiago de Chile) y en universidades españolas tales como la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y las Politécnicas de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, A Coruña y las Palmas.
Su quehacer arquitectónico pone de relieve una constante reflexión crítica en torno a la naturaleza iconográfica y existencial del espacio arquitectónico y del alcance poético de sus formas, demostrando una especial sensibilidad tanto a los fenómenos plásticos y espaciales, como a los factores sociales, económicos y técnicos que intervienen en la construcción de la arquitectura. Todo ello ha quedado plasmado en obras como la remodelación del conjunto del entorno de Atocha: Observatorio Astronómico, Jardín Botánico, Centro de Arte Reina Sofía (1975-1982); el Campus de La Universidad Jaume I en Castellón (1990); el Anfiteatro del Parque de las Naciones en Madrid (1992); el Tanatorio Municipal en el recinto de la Alhambra de Granada-Cementerio de San José (1996) y el Centro de Investigaciones Biológicas del C.S.I.C en Madrid (2000)
Desde hace más de tres décadas participa en numerosas exposiciones integrado en los movimientos de la vanguardia artística española El Paso (1957), ADI-FAD (1963), Nueva Forma (1970) y Astrágalo (Cultura de la Arquitectura y la Ciudad 1994).
Ha obtenido numerosos premios y distinciones entre los que merecen ser destacados el Premio Nacional de Arquitectura en 1963, el Premio Nacional de Restauración en 1980 y el Premio Nacional de Arquitectura a la trayectoria profesional en 2003. Doctor Honoris Causa por las Universidades de Valladolid (1988), Alcalá (1996) y Escuela de Arquitectura de Buenos Aires (UBA-2003), desde 1986 es Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Real Academia Española desde 2004. Ha recibido la Medalla de Oro de la ciudad de Salamanca (2002) y la Medalla de Oro de la Arquitectura (Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, 2002).
Autor de numerosos escritos sobre pensamiento y crítica arquitectónica, destacan entre sus últimas publicaciones Domus Aurea (1997), La ciudad herida (2001) y El Escorial, metáfora en Piedra (2004)

El acto tendra lugar a alas 20:00, con entrada libre y aforo limitado.

Donando sangre.

Tranquilos, que aun no es la hora de cotizar a Hacienda :-). Y tras el chiste malo de rigor, pasemos a los datos de la siguiente cita donante y sanguinea:

* Lunes , 23 de Octubre, de 9:30 a 14:30 y de 15:30 a 21:00. Enfrente del CCCC ( Centro Comercial Cuatro Caminos ).

Y para mas informacion, 900 100 828.

Payaso

Payaso - Javier Solis

En cofre de vulgar hipocresía
ante la gente oculto mi derrota
payaso con careta de alegría
pero tengo por dentro el alma rota

En la pista fatal de mi destino
una mala mujer cruzó el camino
soy comparsa que juego con mi vida
pero siento que mi alma está perdida

Payaso, soy un triste payaso
que oculto mi fracaso
con risas y alegrías
que me llenan de espanto

Payaso, soy un triste payaso
que en medio de la noche
me pierdo en la penumbra
con mi risa y mi llanto

No puedo soportar mi careta
ante el mundo estoy riendo
y dentro de mi pecho
mi corazón sufriendo

Payaso, soy un triste payaso
que en medio de la noche
me pierdo en la penumbra
con mi risa y mi llanto

No puedo soportar mi careta
ante el mundo estoy riendo
y dentro de mi pecho
mi corazón sufriendo

Payaso... payaso...

Reseñas de mis nuevos tebeos.

Pues vamos a ello, en esto es en lo que me he gastado mi escaso dinerito :-).

regalos 005

* Bajo el bramido del Trueno. Te ries, aunque el guion es algo flojillo. Y ya que usa dibujos originales, Ibañez tiene el detallazo de poner a Ambros como coautor.

* Carretera y manta. Zits 7. Siguen las desventuras de Jeremy. Y de Sarah. Y de Hector. Y de papa. Y de mama... ¿Que mas os puedo contar? Ah, si, la furgoneta ya anda...

* Dragonball 13. Son goku es cada vez mas bruto y mas fuerte. La cosa se acerca peligrosamente a los superguerreros, que miedo.

* Cels Piñols destroy the Marvel Universe. Completista, mas que nada. Tiras de la primera epoca.

* Pa habernos matao. Recopilacion de tiras e prensa y de internet de JMV. Lo de siempre, con algunos chistes te ries mas que con otros, pero bastante buena y te quedas con ganas de mas.

* Negima 6. Sigue sin ser santo de mi devocion, pero tiene personajes "secundarios" memorables, como Evangeline ( para los lectores de la serie, menuda mala bestia cuando se suelta el pelo :-) ). Estamos en el tomo 6 y siguen llamando librera a la bibliotecaria. Es lo que tienen las traducciones hechas con adelanto y sin posibilidad de retocar, me temo. Por cierto, estos dias estoy viendo el anime de la serie. ¿Como dices? ¿Que no lo tienes en tu tienda mas cercana? Uy, ¿y como lo habre conseguido yo entonces?

Kurosaki Ichigo

Esto es un busto del personaje principal de la serie Bleach. Segun el dependiente especializadfo que me lo vendio, deberia ser una figura articulada, pero en fin, al menos queda chulo en la estanteria. Ahora a ver si consigo a Rukia :-).

regalos 007

PD: Estoy probando un nuevo servidor de fotos, asi que si no veis nada aqui, por favor, decidmelo.