Lana y Lois.
- Clark murió antes de que pudiéramos ser novios. Ayer volví a soñar con él.
- ¿Sueño o pesadilla?
- Sueño, sueño. Recuerdos. No, ya sabes, recuerdos de lo que no fue realmente. Éramos aún tan jóvenes. Nunca pasamos de besos y abrazos, ya lo sabes. Nunca hubo otro después de él.
- Lo sé.
- Perdóname por contarte estas cosas. Es raro, me pasa siempre que entrevisto a Super Woman. No sé, hay algo en ella que me recuerda a Clark. El era el chico más normal y tranquilo que pudieras conocer. Ella es una diosa entre humanos. ¿Por qué el muchacho más puro de Kansas me recuerda a la última superviviente de un planeta desaparecido?
- Si no me lo puedes contar a mí, ¿a quién?
- Creo que esa mirada, esa sensación. Ese hablar confiando en que podemos sacar lo mejor de nosotras mismas. Pensando que eso será tan natural como cruzar la calle o sonreir. Clark pensaba así.
- Creo que nos hubiéramos llevado bien.
- Yo también. Y eso que tú y él sois, hubierais sido... tan diferentes. Aún recuerdo cuando te conocí y Perry nos puso a trabajar juntas. Te veía tan ambiciosa, tan segura de tí misma, tan independiente...
- Sigue negándolo, pero nos hacía trabajar en equipo porque le hacía gracia que firmáramos con cuatro veces la misma letra. Mira ese Pulitzer del salón. El premio de las cuatro eles, ¿te acuerdas?
- ¿Cómo voy a olvidarlo? ¿Y tú recuerdas lo que me dijiste un año después, cuando me ofrecieron aquel puesto en la televisión?
- ¿Cómo voy a olvidarlo? Nadie más puede decir que me acerqué a su preciosa oreja y le dije: Quédate, te necesito...
Un beso y una flor... una vez más.
Rosalia
-Marie Rosalie; vamos, ven. Cuanto antes terminemos en este sitio, antes iremos a comer langosta a la mantequilla con las chicas.
-Si, Madre.
-No entiendo porqué la abuela se ha empeñado en que vengamos aquí las dos. Solamente es un museo con tumbas. Pero ella siempre ha sido así, ya sabes...
Hermana, niña...¿me oyes?
¿Qué es eso? Son estos sitios, que tienen ecos extraños... Madre dice que no debo prestar atención a esas cosas. Somos mujeres ricas y modernas, no campesinas como la abuela.
Hija, hermana, niña, ¿puedes oler eso?
-Marie Rosalie, ven. Esta es la tumba que la abuela quería que vieras. Es de una escritora, creo. Rosalía, se llamaba.
¿Es eso el viento? No, no. Estamos dentro de un museo. No hay viento aquí.
Madre mira el móvil, hablando con sus amigas.¿Qué estará haciendo Susi ahora? Voy a preguntarle y...
¿Notas el olor, hermana, amiga?
Huele a... ¿A qué? Espera, yo conozco ese olor. La abuela... yo he olido eso... eso es el mar después de una tormenta. Eso es olor a algas, a salitre, ese es el olor de Galicia...
Ese olor. Yo lo he olido...¿Cuándo? ¿De niña? ¿Antes de ir a Madrid? Antes de ir a Madrid.
Algas. Pinos. Ese salitre. Ese olor. Yo jugué de niña en esa playa, con ese olor.
Yo juntaba arena con las manos, como si fueran casas, para que la marea las destruyese... aunque hacíamos muros que las protegieran... Yo jugaba....
Los chupasangres. Es verdad, me acuerdo. La abuela no quería que tocase aquellas cosas en las charcas que quedaban en las rocas al bajar la marea...
Yo...
Yo.
YO.
Hija, niña, recuerda, recuerda, solamente recuerda...
-Marie Rosalie; ven, anda...
De golpe, recuerdo. La abuela y yo, corriendo entre helechos, bajo los pinos. Cociendo maíz. Asando castañas. Riendo y hablando a la vez en dos idiomas. Cada una en uno y entendiéndonos.
Yo...
-Madre...
-Dime, Marie Rosalie.
Tiemblo mientras me acerco a la pared, a la lápida. La toco y susurro:
-Madre, yo recuerdo...
Con la abuela, jugando, cantando recogiendo patatas, cogiendo moras... moras, ¿Cuánto hace que no bebo zumo de moras?
Recuerdo las moras. Joder, soy gallega.
Aquellos cuentos de zorros. No, no. De raposos...
Raposos y empanadas.
-¿Estás bien, Marie Rosalie?
-Madre, no voy a comer contigo y con tus amigas. Me voy con la abuela...
¿Pero que dices, Marie Rosalie?
-Madre, mirame...
-MI NOMBRE ES MARÍA ROSALÍA, COMO ELLA.
-Yo soy y seré gallega, en esta vida y en la siguiente...
Emigrando a Chile.
Yo los puse en mi barco.
Era de día y Francia
su vestido de lujo
de cada día tuvo aquella vez,
fue
la misma claridad de vino y aire
su ropaje de diosa forestal.
Mi navío esperaba
con su remoto nombre “Winnipeg”
Pero mis españoles no venían
de Versalles,
del baile plateado,
de las viejas alfombras de amaranto,
de las copas que trinan
con el vino,
no, de allí no venían,
no, de allí no venían.
De más lejos,
de campos de prisiones,
de las arenas negras
del Sahara,
de ásperos escondrijos
donde yacieron
hambrientos y desnudos,
allí a mi barco claro,
al navío en el mar, a la esperanza
acudieron llamados uno a uno
por mí, desde sus cárceles,
desde las fortalezas
de Francia tambaleante
por mi boca llamados
acudieron,
Saavedra, dije, y vino el albañil,
Zúñiga, dije, y allí estaba,
Roces, llamé, y llegó con severa sonrisa,
grité, Alberti! y con manos de cuarzo
acudió la poesía.
Labriegos, carpinteros,
pescadores,
torneros, maquinistas,
alfareros, curtidores:
se iba poblando el barco
que partía a mi patria.
Yo sentía en los dedos
las semillas
de España
que rescaté yo mismo y esparcí
sobre el mar, dirigidas
a la paz
de las praderas.
El Grinch.
Aquella noche que hoy celebramos...
Y sucedió que mientras estaban en Belén, le llegó a María el tiempo de dar a luz. Y allí nació su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en el establo, porque no había alojamiento para ellos en el mesón.
Dime...
Si eres del Amor cautivo, Desde aquí puedes volverte; Que me pedirán por robo Lo que entendí que era suerte.
En aquella sala de espera, del colegio. Hice Chas y aparecí a tu lado...
Chicas de hoy (de ayer) en día.
Los amores de Ana.
Romanos, iros a vuestra casa. O algo así :-).
Navafria 3
Navafria 2
La canción que estaba de moda...
Navafria 1
Si, he vuelto.
Aunque nunca me fui.
Cómicos.
Mierda para todos.
Pues me he dejado las llaves en la otra cazadora...
Menos mal que a ese señor de ahí le sobra una copia.