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La Torre de Hercules

Cultura

Aaaaandeeeeeleeee

Isabel Vargas Lizano (San Joaquín de Flores, Heredia, Costa Rica, 17 de abril de 1919 - Cuernavaca, Morelos, México, 5 de agosto de 2012),1 conocida artísticamente como Chavela Vargas, fue una cantante de origen costarricense y nacionalidad mexicana, una de las principales figuras del género de la ranchera y pionera entre las intérpretes femeninas.Contenido [ocultar]

Biografía

Aunque Chavela es asociada a México y a su cultura, en realidad nació en Costa Rica: en San Joaquín de Flores, hija de Francisco Vargas y Herminia Lizano, y fue bautizada en la Parroquia de Guadalupe dos meses después, el 15 de julio de 1919 con el nombre María Isabel Anita Carmen de Jesús. Tuvo una infancia difícil; sus padres se desentendieron de ella, quedando al cuidado de unos tíos, y sufrió poliomielitis. En México, país del que obtuvo la nacionalidad, residió por más de siete décadas, y allí falleció.

Chavela destacó en el género de la canción ranchera no solamente por su personalidad y talento, sino también porque fue una pionera. La ranchera es un género musical muy masculino y sensual, cantado generalmente por hombres. Chavela solía cantar canciones normalmente interpretadas por hombres sobre su deseo por las mujeres. Vestía como un hombre, fumaba tabaco, bebía mucho, llevaba pistola y era reconocida por su característico gabán rojo. En una entrevista para la televisión colombiana en el año 2000, expresó abiertamente que era lesbiana.2

Chavela Vargas se trasladó a México cuando tenía 17 años3 y posteriormente adoptó la nacionalidad mexicana. Durante muchos años cantó en las calles hasta que a los treinta se hizo cantante profesional, de la mano de José Alfredo Jiménez, cantante y compositor de sus mayores éxitos. Cuentan que cuando Jiménez falleció, Chavela acudió a su velatorio y se desplomó llorando borracha. Cuando varias personas intentaron retirarla, la viuda de Jiménez las detuvo: «Dejadla, que está sufriendo tanto como yo».

A finales de los años 50 empezó a hacerse popular, en parte gracias a sus actuaciones en Acapulco, meca del turismo internacional. Allí actuó en la fiesta nupcial de Elizabeth Taylor y Mike Todd, y conoció a Ava Gardner. Trabó amistad con los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo, por quien se sintió atraída.

Su primer álbum fue publicado en 1961 y desde entonces ha grabado más de ochenta discos.4 Se retiró a finales de los años setenta y regresó en 1991. Reconoció sus problemas con el alcoholismo, que consiguió superar. No volvió a beber en sus últimos veinte años.

Chavela debe parte de su fama a su aparición en varias películas de éxito, bien mediante canciones suyas incluidas en ellas o incluso interpretándolas en persona. El director español Pedro Almodóvar fue uno de sus primeros difusores y contribuyó a su arraigo popular en España. Chavela apareció después en la película de Julie Taymor, Frida, cantando sus clásicos «La llorona» y «Paloma negra», y también apareció en Babel, la multipremiada película de Alejandro González Iñárritu, cantando «Tú me acostumbraste», bolero de Frank Domínguez.

Su relación con México fue agridulce; hasta edad madura no se le permitió actuar en televisión o teatros públicos y labró su fama con actuaciones en pequeños locales, siendo por tanto una figura de culto. Su éxito en España, en parte gracias al apoyo de Almodóvar, le permitió actuar en el mítico Teatro Olympia de París. Allí acudieron a verla Almodóvar y la actriz Jeanne Moreau, quien aunque no sabía español le dijo a Almodóvar: «No hace falta que me traduzcas lo que dice, porque la entiendo perfectamente».

En 2004, a la edad de 85 años, presentó el disco En Carnegie Hall.

Sus últimos años los vivió en Tepoztlán, Morelos, a las faldas del Cerro del Tepozteco con quien ella decía platicar todas las mañanas.

Durante 2009, con motivo de su 90 aniversario, el Gobierno de la Ciudad de México le rindió un homenaje nombrándola ciudadana distinguida. A este evento concurrieron, de manera presencial y a través de video, múltiples personalidades del ámbito artístico, cultural y periodístico de Iberoamérica, entre los que se cuentan la cantautora Julieta Venegas, la intérprete Eugenia León, el escritor Carlos Monsiváis, la periodista Carmen Aristegui y sus amigos Joaquín Sabina y Pedro Almodóvar.

Concierto de Chavela Vargas en 2006, Madrid (España).

En diciembre de 2009, en coautoría con María Cortina, se presentó el libro Las verdades de Chavela, que narra a modo de entrevista, los acontecimientos más trascendentes de la vida de Chavela Vargas. En abril de 2010, a los 91 años de edad, presentó su más reciente material discográfico: Por mi culpa. En el incluyó dúos con sus grandes amigos: Eugenia León, Lila Downs, Joaquín Sabina, La Negra Chagra y Mario Ávila.

En octubre de 2010 se presentó, en el marco de la Feria Internacional del Libro de la Ciudad de México, en un concierto junto con la Negra Chagra y logró reunir en el Zócalo de la ciudad a centenares de personas para el relanzamiento de su libro y disco.

En abril de 2012, con 93 años de edad, lanzó su disco-libro Luna grande, donde revivió, a modo de homenaje, relevantes poemas del escritor español Federico García Lorca y repasa algunos de sus mayores éxitos. En julio del mismo año viajó a España para presentar su último disco en un recital en la Residencia de estudiantes de Madrid. El 12 de julio fue hospitalizada en dicha ciudad por un cuadro de fatiga5 . Se recuperó poco después y emprendió viaje de regreso a México.

El 30 de julio de 2012 fue internada en el hospital Inovamed de la ciudad mexicana de Cuernavaca, con problemas crónicos en corazón, pulmones y riñones. El 5 de agosto de 2012, se dio a conocer su fallecimiento a través de su Twitter oficial.1
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Reconocimientos

Recibió, entre otros, los siguientes reconocimientos:4
2000: Gran Cruz de Isabel la Católica.
2007: Grammy Latino
Medalla de Oro Universidad Complutense de Madrid.
Medalla al mérito de la Universidad de Alcalá de Henares.
Huésped de Honor de Buenos Aires, Argentina.
2009: ciudadana distinguida de la Ciudad de México.
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Discografía
El corrido hablado
Piensa en mí, 1991
Boleros, 1991
Colaboró también la banda de sonido de Kika con «Luz de luna», 1993
Sentimiento de México (vol. 1), 1995
De México y del mundo, 1995
Le canta a México, 1995
Colaboró también la banda de sonido de La flor de mi secreto con «En el último trago», 1995
Volver, volver, 1996
Dos (álbum), 1996
Grandes momentos, 1996
Macorina, 1996
Colaboró también la banda de sonido de Carne trémula con «Somos», 1997
Colección de oro, 1999
Con la rondalla del amor de Saltillo, 2000
Para perder la cabeza, 2000
Las 15 grandes de Chavela Vargas, 2000
La dama del poncho rojo, 2001
Grandes éxitos, 2002
Para toda la vida, 2002
Discografía básica, 2002
Antología, 2004
Somos, 2004
Chavela Vargas, 2004
En Carnegie Hall, 2004
La llorona, 2004
Colaboró también la banda de sonido de Babel con Tú me acostumbraste, 2006
Cupaima, 2007
¡Por mi culpa!, 2010
Luna Grande, 2012
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Canciones conocidas
La llorona
El andariego
Macorina
En el último trago
Un mundo raro
Piensa en mi
Luz de luna
Las Ciudades
Las simples cosas
La Sandunga
El preso número 9
Paloma Negra
No volveré
María Tepozteca
Que te vaya bonito
Arráncame la vida
No soy de aquí, ni soy de allá
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Véase también
Joaquín Sabina
José Alfredo Jiménez
Javier Solís
Jorge Negrete
Pedro Infante
Antonio Aguilar
Lucha Reyes
Vicente Fernández
Rocío Dúrcal
Lola Beltrán
Alejandro Fernández
Pepe Aguilar
Juan Gabriel
Pedro Fernández (cantante)
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Referencias
↑ a b «Fallece Chavela Vargas, la mujer que forjó un mito latino». El País (5 de agosto de 2012). Consultado el 5 de agosto de 2012.
↑ TheGully.
↑ La Nación (2009). «Artículo sobre Chavela Vargas».
↑ a b Instituo Nacional de Migración/ Centro de estudios migratorios., ed (2010). 200 mexicanos que nos heredó el mundo. Paralelo 21. pp. 259. ISBN 978 607 7891 02 4. ««Las 200 personalidades incluidas aquí (en esta obra) destacaron por sus notables contribuciones a México. Todas ellas nacieron en el exterior y se arraigaron en el país por diversos motivos y razones....».»
↑ «Esperan que Chavela salga del hospital para agasajarla», artículo en el diario El Universal del 1 de agosto de 2012.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

Poesia callejera.

Iba yo fijandome en cartelitos anunciadores de pisos en alquiler cuando vi esto.

* 2012-05-18 20.02.44

Pero no, no era un anuncio, sino poesia callejera :-).

* 2012-05-18 20.02.52

La muerte de Artemio Cruz.

La muerte de Artemio Cruz:

YO despierto... Me despierta el contacto de ese objeto frío con el miembro. No sabía que a veces se puede orinar involuntariamente. Permanezco con los ojos cerrados. Las voces más cercanas no se escuchan. Si abro los ojos, ¿podré escucharlas?... Pero los párpados me pesan: dos plomos, cobres en la lengua, martillos en el oído, una... una como plata oxidada en la respiración. Metálico todo esto. Mineral otra vez. Orino sin saberlo. Quizás —he estado inconsciente, recuerdo con un sobresalto— durante esas horas comí sin saberlo. Porque apenas clareaba cuando alargué la mano y arrojé —también sin quererlo— el teléfono al piso y quedé boca abajo sobre el lecho, con mis brazos colgando: un hormigueo por las venas de la muñeca. Ahora despierto, pero no quiero abrir los ojos. Aunque no quiera: algo brilla con insistencia cerca de mi rostro. Algo que se reproduce detrás de mis párpados cerrados en una fuga de luces negras y círculos azules. Contraigo los músculos de la cara, abro el ojo derecho y lo veo reflejado en las incrustaciones de vidrio de una bolsa de mujer. Soy esto. Soy esto. Soy este viejo con las facciones partidas por los cuadros desiguales del vidrio. Soy este ojo. Soy este ojo. Soy este ojo surcado por las raíces de una cólera acumulada, vieja, olvidada, siempre actual. Soy este ojo abultado y verde entre los párpados. Párpados. Párpados. Párpados aceitosos. Soy esta nariz. Esta nariz. Esta nariz. Quebrada. De anchas ventanas. Soy estos pómulos. Pómulos. Donde nace la barba cana. Nace. Mueca. Mueca. Mueca. Soy esta mueca que nada tiene que ver con la vejez o el dolor. Mueca. Con los colmillos ennegrecidos por el tabaco. Tabaco. Tabaco. El vahovahovaho de mi respiración opaca los cristales y una mano retira la bolsa de la mesa de noche.
—Mire, doctor: se está haciendo...
—Señor Cruz...
—¡Hasta en la hora de la muerte debía engañarnos!
No quiero hablar. Tengo la boca llena de centavos viejos, de ese sabor. Pero abro los ojos un poco y entre las pestañas distingo a las dos mujeres, al médico que huele a cosas asépticas: de sus manos sudorosas, que ahora palpan debajo de la camisa mi pecho, asciende un pasmo de alcohol ventilado. Trato de retirar esa mano.
—Vamos, señor Cruz, vamos...
No, no voy a abrir los labios: o esa línea arrugada, sin labios, en el reflejo del vidrio. Mantendré los brazos alargados sobre las sábanas. Las cobijas me llegan hasta el vientre. El estómago... ah... Y las piernas permanecen abiertas, con ese artefacto frío entre los muslos. Y el pecho sigue dormido, con el mismo hormigueo sordo que siento... que... que sentía cuando pasaba mucho tiempo sentado en el cine. Mala circulación, eso es. Nada más. Nada más. Nada grave. Nada más grave. Hay que pensar en el cuerpo. Agota pensar en el cuerpo. El propio cuerpo. El cuerpo unido. Cansa. No se piensa. Está. Pienso, testigo. Soy, cuerpo. Queda. Se va... se va... se disuelve en esta fuga de nervios y escamas, de celdas y glóbulos dispersos. Mi cuerpo, en el que este médico mete sus dedos. Miedo. Siento el miedo de pensar en mi propio cuerpo.¿Y el rostro? Teresa ha retirado la bolsa que lo reflejaba. Trato de recordarlo en el reflejo; era un rostro roto en vidrios sin simetría, con el ojo muy cerca de la oreja y muy lejos de su par, con la mueca distribuida en tres espejos circulantes. Me corre el sudor por la frente.
Cierro otra vez los ojos y pido, pido que mi rostro y mi cuerpo me sean devueltos. Pido, pero siento esa mano que me acaricia y quisiera desprenderme de su tacto, pero carezco de fuerzas.
—¿Te sientes mejor?
No la veo a ella. No veo a Catalina. Veo más lejos. Teresa está sentada en el sillón. Tiene un periódico abierto entre las manos. Mi periódico. Es Teresa, pero tiene el rostro escondido detrás de las hojas abiertas.
—Abran la ventana.
—No, no. Puedes resfriarte y complicarlo todo.
—Déjalo, mamá. ¿No ves que se está haciendo?
Ah. Huelo ese incienso. Ah. Los murmullos en la puerta. Llega con ese olor de incienso y faldones negros, con el hisopo al frente, a despedirme con todo el rigor de una advertencia. Jé, cayeron en la trampa.
—¿No ha llegado Padilla?
—Sí. Está allí fuera.
—Que pase él.
—Pero...
—Que pase antes Padilla.
Ah, Padilla, acércate. ¿Trajiste la grabadora? Si sabes lo que te conviene, la habrás traído aquí como la llevabas todas las noches a mi casa de Coyoacán. Hoy, más que nunca, querrás darme la impresión de que todo sigue igual. No perturbes los ritos, Padilla. Ah sí, te acercas. Ellas no quieren.
—Acércate, hijita, que te reconozca. Dile tu nombre.
—Yo soy... soy Gloria...
Si sólo distinguiera mejor su rostro. Si sólo distinguiera mejor su mueca. Debe darse cuenta de este olor de escamas muertas; debe mirar este pecho hundido, esta barba gris y revuelta, este fluido incontenible de la nariz, estos...
La alejan de mí.
El médico me toma el pulso.
—Debo consultar con mis colegas.
Catalina me roza la mano con la suya. Qué inútil caricia. No la veo bien, pero trato de fijar mi mirada en la suya. La retengo. Tomo su mano helada.
—Esa mañana lo esperaba con alegría. Cruzamos el río a caballo.
—¿Qué dices? No hables. No te canses. No te entiendo.
—Quisiera regresar allá, Catalina. Qué inútil.
Sí: el cura se hinca junto a mí. Murmura sus palabras. Padilla enchufa la grabadora. Escucho mi voz, mis palabras. Ay con un grito. Ay, grito. Ay, sobreviví. Son dos médicos que se asoman a la puerta. Yo sobreviví. Regina, me duele, me duele, Regina, me doy cuenta de que me duele. Regina. Soldado. Abrácenme; me duele. Me han clavado un puñal largo y frío en el estómago, hay alguien, hay otro que me ha clavado un acero en las entrañas: huelo ese incienso y estoy cansado. Yo dejo que hagan. Que me levanten pesadamente, mientras gimo. No les debo la vida a ustedes. No puedo, no puedo, no elegí, el dolor me dobla la cintura, me toco los pies helados, no quiero esas uñas azules, mis nuevas uñas azules, aaaahaaaay, yo sobreviví: ¿qué hice ayer?: si pienso en lo que hice ayer no pensaré más en lo que está pasando. Ese es un pensamiento claro. Muy claro. Piensa ayer. No estás tan loco; no sufres tanto; pudiste pensar eso. Ayer ayer ayer. Ayer Artemio Cruz voló de Hermosillo a México. Sí. Ayer Artemio Cruz... Antes de enfermarse, ayer Artemio Cruz... No, no se enfermó. Ayer Artemio Cruz estaba en su despacho y se sintió muy enfermo. Ayer no. Esta mañana. Artemio Cruz. No enfermo no. No Artemio Cruz no. Otro. En un espejo colocado frente a la cama del enfermo. El otro. Artemio Cruz. Su gemelo. Artemio Cruz está enfermo. El otro. Artemio Cruz está enfermo: no vive: no, vive. Artemio Cruz vivió. Vivió durante algunos años... Años no añoró: años no no. Vivió durante algunos días. Su gemelo. Artemio Cruz. Su doble. Ayer Artemio Cruz, el que sólo vivió algunos días antes de morir ayer Artemio Cruz... que soy yo... y es otro... ayer...
TÚ, ayer, hiciste lo mismo de todos los días. No sabes si vale la pena recordarlo. Sólo quisieras recordar, recostado allí, en la penumbra de tu recámara, lo que va a suceder: no quieres prever lo que ya sucedió. En tu penumbra, los ojos ven hacia adelante; no saben adivinar el pasado. Sí; ayer volarás desde Hermosillo, ayer nueve de abril de 1959, en el vuelo regular de la Compañía Mexicana de Aviación que saldrá de la capital de Sonora, donde hará un calor infernal, a las 9:55 de la mañana y llegará a México, D.F., a las 16:30 en punto. Desde la butaca del tetramotor, verás una ciudad plana y gris, un cinturón de adobe y techos de lámina. La azafata te ofrecerá un chicle envuelto en celofán —recordarás eso en particular, porque será (debe ser, no lo pienses todo en futuro desde ahora) una chica muy guapa y tú siempre tendrás buen ojo para eso, aunque tu edad te condene a imaginar las cosas más que a hacerlas (usas mal las palabras: claro, nunca te sentirás condenado a eso, aunque sólo puedas imaginarlo): el anuncio luminoso —No Smoking, Fasten Seat Belts— se encenderá en el momento en el que el avión, al entrar al Valle de México, descienda abruptamente, como si perdiera el poder de mantenerse en el aire delgado y en seguida se inclinará hacia la derecha y caerán bultos, sacos, maletines y se levantará un grito común, entrecortado por un sollozo bajo y las llamas comenzarán a chisporrotear hasta que el cuarto motor, sobre el ala derecha, se detenga y todos sigan gritando y sólo tú te mantengas sereno, inmóvil, mascando tu chicle y observando las piernas de la azafata que correrá por el pasillo apaciguando a los pasajeros. El sistema interno con el que el motor combate el fuego funcionará y el avión aterrizará sin dificultad, pero nadie se habrá dado cuenta de que sólo tú, un viejo de setenta y un años, mantuvo la compostura. Tú te sentirás orgulloso de ti mismo, sin demostrarlo. Pensarás que has hecho tantas cosas cobardes que el valor te resulta fácil. Sonreirás y te dirás que no, no, no es una paradoja: es la verdad y, acaso, hasta una verdad general. El viaje a Sonora lo habrás hecho en un automóvil —Volvo 1959, placas DF 712— porque algunos personajes del gobierno habrían pensado ponerse muy pesados y tú deberías recorrer todo ese camino a fin de asegurarte de la lealtad de esa cadena de funcionarios a los que has comprado —comprado, sí, no te engañarás con tus palabras de aniversario: los convenceré, los persuadiré: no, los comprarás— para que le cobren alcabalas —otra palabra fea— a los transportadores de pescado entre Sonora, Sinaloa y el Distrito Federal: tú les darás el diez por ciento a los inspectores y el pescado llegará a la ciudad encarecido por esa cadena de intermediarios y tú recibirás una utilidad veinte veces superior al valor original del producto. Te empeñarás en recordarlo y cumplirás tu deseo, aunque todo esto te parezca materia de una nota roja en tu periódico y pienses que, en realidad, pierdes el tiempo recordándolo. Pero insistirás, seguirás adelante. Insistirás. Quisieras recordar otras cosas, pero sobre todo, quisieras olvidar el estado en que te encuentras. Te disculparás. No te encuentras. Te encontrarás. Te traerán desmayado a tu casa; te desplomarás en tu oficina, vendrá el doctor y dirá que habrá que esperar algunas horas para dar el diagnóstico. Vendrán otros médicos. No sabrán nada, no entenderán nada. Pronunciarán palabras difíciles. Y tú querrás imaginarte a ti mismo. Como un odre vacío y arrugado. Te temblará la barbilla, te olerá mal la boca, te olerán mal las axilas, te apestará todo entre las piernas. Estarás tirado allí, sin bañar, sin afeitar: serás un depósito de sudores, nervios irritados y funciones fisiológicas inconscientes. Pero insistirás en recordar lo que pasará ayer. Te trasladarás del aeropuerto a tu oficina y recorrerás una ciudad impregnada de gases de mostaza, porque la policía acabará de disolver esa manifestación en la plaza del Caballito. Consultarás con tu jefe de redacción las cabezas de la primera plana, los editoriales y las caricaturas y te sentirás satisfecho. Recibirás la visita de tu socio norteamericano, le harás ver los peligros de estos mal llamados movimientos de depuración sindical. Después pasará a la oficina tu administrador, Padilla, y te dirá que los indios andan agitando y tú, a través de Padilla, le mandarás decir al comisario ejidal que los meta en cintura, que al fin para eso le pagas. Trabajarás mucho ayer en la mañana. Estará a verte el representante de ese benefactor latinoamericano y tú obtendrás que aumenten el subsidio a tu periódico. Llamarás a la cronista de sociales y le ordenarás que meta en su columna una calumnia sobre ese Couto que te está dando guerra en los negocios de Sonora. ¡Harás tantas cosas! Y luego te sentarás con Padilla a contar tus haberes. Eso te divertirá mucho. Todo un muro de tu despacho estará cubierto por ese cuadro que indica la extensión de y las relaciones entre los negocios manejados: el periódico, las inversiones en bienes raíces —México, Puebla, Guadalajara, Monterrey, Culiacán, Hermosillo, Guaymas, Acapulco—, los domos de azufre en Jáltipan, las minas de Hidalgo, las concesiones madereras en la Tarahumara, la participación en la cadena de hoteles, la fábrica de tubos, el comercio del pescado, las financieras de financieras, la red de operaciones bursátiles, las representaciones legales de compañías norteamericanas, la administración del empréstito ferrocarrilero, los puestos de consejero en instituciones fiduciarias, las acciones en empresas extranjeras —colorantes, acero, detergentes— y un dato que no aparece en el cuadro: quince millones de dólares depositados en bancos de Zurich, Londres y Nueva York. Encenderás un cigarrillo a pesar de las advertencias del médico, y le repetirás a Padilla los pasos que integraron esa riqueza. Préstamos a corto plazo y alto interés a los campesinos del estado de Puebla, al terminar la revolución; adquisición de terrenos cercanos a la ciudad de Puebla, previendo su crecimiento; gracias a una amistosa intervención del Presidente en turno, terrenos para fraccionamientos en la ciudad de México; adquisición del diario metropolitano; compra de acciones mineras y creación de empresas mixtas mexicano-norteamericanas en las que tú figuraste como hombre de paja para cumplir con la ley; hombre de confianza de los inversionistas norteamericanos; intermediario entre Chicago, Nueva York y el gobierno de México; manejo de la bolsa de valores para inflarlos, deprimirlos, vender, comprar a tu gusto y utilidad; jauja y consolidación definitivas con el presidente Alemán: adquisición de terrenos ejidales arrebatados a los campesinos para proyectar nuevos fraccionamientos en ciudades del interior, concesiones de explotación de madera. Sí —suspirarás y le pedirás un fósforo a Padilla—, veinte años de confianza, de paz social, de colaboración de clases; veinte años de progreso, después de la demagogia de Lázaro Cárdenas, veinte años de protección a los intereses de la empresa, de líderes sumisos, de huelgas rotas. Y entonces te llevarás las manos al vientre y tu cabeza de canas crespas, de rostro aceitunado, pegará huecamente sobre el cristal de la mesa y otra vez, ahora tan cerca, verás ese reflejo de tu mellizo enfermo, mientras todos los ruidos huyan, riendo, fuera de tu cabeza y el sudor de toda esa gente te rodee, la carne de toda esa gente te sofoque, te haga perder el conocimiento. El gemelo reflejado se incorporará al otro, que eres tú, al viejo de setenta y un años que yacerá, inconsciente, entre la silla giratoria y el gran escritorio de acero: y estarás aquí y no sabrás cuáles datos pasarán a tu biografía y cuáles serán callados, escondidos. No lo sabrás. Son datos vulgares y no serás el primero ni el único con semejante hoja de servicios. Te habrás dado gusto. Ya habrás recordado eso. Pero recordarás otras cosas, otros días, tendrás que recordarlos. Son días que lejos, cerca, empujados hacia el olvido, rotulados por el recuerdo —encuentro y rechazo, amor fugaz, libertad, rencor, fracaso, voluntad— fueron y serán algo más que los nombres que tú puedas darles: días en que tu destino te perseguirá con un olfato de lebrel, te encontrará, te cobrará, te encarnará con palabras y actos, materia compleja, opaca, adiposa tejida para siempre con la otra, la impalpable, la de tu ánimo absorbido por la materia: amor de membrillo fresco, ambición de uñas que crecen, tedio de la calvicie progresiva, melancolía del sol y el desierto, abulia de los platos sucios, distracción de los ríos tropicales, miedo de los sables y la pólvora, pérdida de las sábanas oreadas, juventud de los caballos negros, vejez de la playa abandonada, encuentro del sobre y la estampilla extranjera, repugnancia del incienso, enfermedad de la nicotina, dolor de la tierra roja, ternura del patio en la tarde, espíritu de todos los objetos, materia de todas las almas: tajo de tu memoria, que separa las dos mitades: soldadura de la vida, que vuelve a unirlas, disolverlas, perseguirlas, encontrarlas: la fruta tiene dos mitades: hoy volverán a unirse: recordarás la mitad que dejaste atrás: el destino te encontrará: bostezarás: no hay que recordar: bostezarás: las cosas y sus sentimientos se han ido deshebrando, han caído fracturadas a lo largo del camino: allá, atrás, había un jardín: si pudieras regresar a él, si pudieras encontrarlo otra vez al final: bostezarás: no has cambiado de lugar: bostezarás: estás sobre la tierra del jardín, pero las ramas pálidas niegan las frutas, el cauce polvoso niega las aguas: bostezarás: los días serán distintos, idénticos, lejanos, actuales: pronto olvidarán la necesidad, la urgencia, el asombro: bostezarás: abrirás los ojos y las verás allí, a tu lado, con esa falsa solicitud: murmurarás sus nombres: Catalina, Teresa: ellas no acabarán de disimular ese sentimiento de engaño y violación, de desaprobación irritada, que por necesidad deberá transformarse, ahora, en apariencia de preocupación, afecto, dolor: la máscara de la solicitud será el primer signo de ese tránsito que tu enfermedad, tu aspecto, la decencia, la mirada ajena, la costumbre heredada, les impondrá: bostezarás: cerrarás los ojos: bostezarás: tú, Artemio Cruz, él: creerás en tus días con los ojos cerrados:

¿Y del Codice?

A todo esto, ¿se sabe algo del robado y perdido Codice Calixtinus?

* 2012-04-13 14.19.02

¿O ya nos hemos olvidado de el ahora que casi ha terminado la Liga?

Feliz dia Del Libro.

Feliz Dia del Libro.

 

Hazte un favor y lee algo.

De lectores electronicos y libros en España.

Leo en EL Mundo lo que parece un totalmente neutral y periodistico articulo sobre la "pirateria" de libros electronicos. Echemosle un ojo:

" Repasamos los últimos datos sobre el fenómeno y buscamos los nuevos modelos del libro digital que se postulan como alternativa


DANIEL ARJONA | Publicado el 23/03/2012
Primero llegó la crisis económica y su parejo descenso del consumo, luego irrumpió el libro digital, a continuación comenzaron a extinguirse una a una las ayudas al libro... y además, la piratería. La industria editorial sufre tremendas mutaciones y navega atropelladamente hacia el futuro abordada a babor y estribor, nos dicen, por hordas de piratas. Repasamos los últimos datos sobre el fenómeno, sus motivaciones y, sobre todo, buscamos los nuevos modelos del libro digital que se postulan como alternativa.

En España no se pagan la mitad de los libros que se adquieren. Un 49’3%, según el último informe de IDC y Nielsen. Tal es el dato desnudo. ¿Promoción suicida? ¿Milagro cultural? Piratería. El valor ( ¿valor o coste? :-) ) de los libros descargados de la red sin pasar por caja se elevaría a los 793’2 millones en el primer semestre de 2011. Dato más que relevante cuando se compara con la facturación global del libro: 839 millones de euros en 2010 según Comercio Interior ( curioso, ¿por que no compararlo con la misma epoca y no un año anterior? ). Los editores amenazan con irse del país, y algunos escritores, como Lucía Etxebarria, con dejar de escribir  ( no caera esa breva ;-) ). Y la popularización de los lectores ( electronicos, no nosotros, los lectores ) sólo acaba de empezar. 

 En el año 2011 se vendieron 280.000 dispositivos pero sólo se descargaron legalmente 220.000 libros electrónicos, es decir, ni una descarga por lector vendido, tal vez por la escasa oferta. Según la agencia del ISBN, de 103.000 títulos editados sólo un 17% -17.843 obras- fueron ebooks. Y el último Barómetro del Gremio de Editores ( neutralisimo e imparcial en este tema, sin duda alguna ) recoge que el 73% de los encuestados declararon bajarse libros gratis de Internet. Casi el 4% se hizo ya con su ereader, un 129% más con respecto a 2010. 

La isla tortuga editorial
 Apenas dos semanas después de lograr finalmente asaltar el BOE, la llamada Ley Sinde ya empieza a cartografiar con su catalejo la Isla Tortuga editorial ( esto es pura poesia y lo demas son tonterias :-) ). Cedro acaba de comunicar que denunciará a los diez sitios “más perjudiciales”, de los cien que ya dice haber identificado, ante la Sección Segunda de la Comisión de la Propiedad Intelectual. Se trataría tanto de webs que acogen libros protegidos como que los enlazan. Fuentes de Cedro explican que están muy satisfechas con la nueva ley pero reclaman “otras iniciativas, legales, y de concienciación”. Desde Cedro no citan cuáles serán los sitios denunciados pero en su lista podrían perfectamente figurar los activísimos quedelibros.com o librosgratis.org. Hay más. 

 Introduzca “Libros gratis” en Google y el algoritmo le devolverá 4.140.000 resultados. Pierda unos minutos más y localizará decenas de páginas que ofrecen miles de libros en descarga gratuita, en todos los formatos, y con los títulos que gobiernan las listas de más vendidos bien destacados. Los que tienen su equivalente legal de descarga de pago pero también los que no. No en vano, piratear un libro de tamaño medio (unas 300 páginas) es un proceso rápido y sencillo ya estandarizado: escaneo, OCR, revisión y conversión no toman más de media hora ( este periodista no ha escaneado un libro en su vida. O eso, o sus revisiones de textos de 300 paginas tienen que ser superminuciosas :-) ). 

 ¿Y cuáles son los autores y títulos más descargado sin pasar por caja? No es fácil saberlo. Rastreando entre la maraña de sitios y en The Pirate Bay, la web madre de todos los piratas ( por cierto, ¿sigue siendo injuria usar un sustantivo injurioso para quien practica una practica que los jueces españoles dicen que no incumple ninguna Ley española? Por curiosidad, mas que nada... ), nos topamos con sorprendentes resultados. Los primeros de la lista son en su mayoría libros técnicos y de consulta, de autoayuda, el Kamasutra ( bueno, tecnicamente si es un libro tecnico :-) ), Harry Potter y Los juegos del hambre de Suzanne Collins. Y los autores españoles más bajados son Carlos Zafón, Pérez Reverte, Javier Marías y Eduardo Punset. 

Parece un lugar común afirmar en los últimos tiempos que la industria se lo ha ganado a pulso, que los titubeos de los grandes sellos a la hora de responder con firmeza a la amenaza (bajando precios, por ejemplo) les ha sorprendido con la guardia baja ante el desembarco de gigantes como Amazon que han sabido competir, a veces con tal agresividad, que sus contrincantes han respondido con maniobras de dudosa legalidad. La pasada semana, el Departamento de Justicia de EE.UU. anunció su intención de demandar por vulneración de la competencia a cinco grandes sellos editoriales (Simon & Schuster, Penguin, Harper Collins, Hachette, y Macmillan) que, en connivencia con Apple, habrían acordado fijar el precio de los libros para hacer frente a los precios mínimos de la Kindle Store.

Amazon ha recuperado además una práctica hasta ahora residual, la autoedición a través de su sistema KDP, que ha desatado una explosión de desconocidos autores que escriben y lo suben a la web del gigante por su propia cuenta, prescindiendo de editores. Algunos incluso han realizado un extraño periplo inverso al ser fichados después por grandes editoriales como Edicciones B ( sic ) y su sello B de Books. 

Desconocidos y no tanto. El veterano escritor y periodista Ignacio Carrión acaba de lanzar así Tomates para mi viejo, una novela que vende a 2’68 euros quedándose con el 70%. “Me quemaba en las manos después de un año vegetando en una agencia en dónde había gustado pero no se decían a sacarla, así que me lancé a probar este sistema tan barato y veloz. Lo siento, pero el mundo editorial debe ser razonable y de no ser así, yo no estoy para resucitarlo”.

 Claudio López Lamadrid, editor de Mondadori, asume que “el negocio del libro tal como lo conocíamos hasta ahora está agotado” y defiende que “a la piratería se le combate, a) facilitando el acceso a todos los contenidos y en todos los sistemas, y b) ofreciéndolos a un precio competitivo”. Pero no se fía de las cifras: “No pongo en cuestión la existencia problemática de la piratería, pero sí que cuestiono, y mucho, las cifras y la utilización que hace de éstas el gremio. Si ya cuesta saber cuántos ejemplares se descargan legalmente, ¿cómo conocen con tanta exactitud los datos de las descargas ilegales?” ( oño, uno que razona :-) ). Sigrid Kraus, de Salamandra, sello del muy pirateado Harry Potter, ve a la industria en peligro y ha exigido públicamente al Gobierno instumentos contra la impunidad del pirata y un acuerdo inmediato entre editores y agentes ( Operacion Atalanta, tal vez? :-) ) . Los sellos coinciden en que mientras no se equipare el IVA del ebook (18%) con el de sus hermanos de papel (4%), no bajarán los precios ( Si, ya. Que me creo yo que esa bajada del IVA iria a baja rlos precios y no a aumentar los beneficios. Vamos, que esto es España ). 

Nuevos modelos
Merece la pena adoptar una visión positiva que se pregunte: ¿qué iniciativas y modelos en el bullicioso mercado del libro electrónico en nuestro país se ofrecen ya como alternativas ganadoras a la piratería? ¿Quienes comienzan a manejar las claves que urge reconocer para ganar una batalla a cuya finalización nada será igual que antes? ¿Existe, por ejemplo, un spotify de los libros?

De hecho sí, aunque aún en estado de larva. Se llama 24symbols y tiene división española. Su funcionamiento se asemeja al de su modelo musical: libros en streaming alojados y leídos en la nube, sin mediar des carga, y accesibles previo pago de una suscripción. Basta abrirse una cuenta y acceder a un catálogo de 5.000 títulos de manera gratuita, pero con publicidad y ciertas limitaciones, o pagar una cuota de 5 euros/mes para disfrutar de un servicio de mayor calidad (más catálogo, sin publicidad y sin necesidad de conexión a Internet).

De pirata a cliente
Como señala David Sánchez, uno de los socios de 24symbols, su apuesta por la opción de lectura gratuita “es la mejor estrategia comercial posible para captar a un usuario que no pensaba pagar por una descarga. Nuestra arma es enganchar a ese lector y enamorarle con un servicio de calidad para que acabe pagando una suscripción. ¿Dónde está el riesgo si el que esté buscando gratis el contenido por la red es muy posible que lo esté encontrando ya?”. Y es que el pirata, asegura Sánchez, podría mutar, de la noche a la mañana, en cliente: “Si entendemos como pirata al que se lucra con el esfuerzo ajeno no hay disculpa posible, sin piedad con él. Pero al lector que se descarga gratuitamente un libro lo inteligente es tratarlo como un cliente potencial, y no como un enemigo a perseguir”.

Espacio aparte merece el nacimiento de multitud de pequeños sellos que, sin miedo a los piratas, sólo editan en digital y sin sistemas anticopia, algunos obra descatalogada pero otros también nueva. Como hace Sigueleyendo.

Sigueleyendo publica textos originales “y esa”, explica su promotora, Cristina Fallarás, “es una apuesta decidida por el respeto a lo digital, que no es un cajón donde cabe todo lo que se desechó en el pasado. Al ser libros sólo digitales, están pensados para el consumo digital. Volúmenes que, por su extensión o su hechura, sería difícil que cupieran en los actuales modos industriales del papel. Nuestro catálogo de firmas se nutre de aquellos autores que consideramos notables, y no ofrecemos ni falsas autoediciones ni material de relleno. A los autores les damos un porcentaje de la venta que consideramos justo, pues son el eje de todo este negocio. El eje junto con el lector, a quien ofrecemos precios ajustados (entre 1 y 5 euros). Además, renovamos el tradicional pacto de complicidad con el lector, dinamitado a base de suspicacias, protecciones, DRMs y cortapisas. Nosotros no protegemos nuestros libros”.

Otro sello digital destacable por lo excéntrico de su propuesta es Musa a las 9, al ofrecer una división de poesía (Piedra de la locura), algo no muy frecuente en formatos digitales, y preparan una colección de ensayo y otra de clásicos para un público académico, con obras difíciles de encontrar y de nueva edición. También brindan, por supuesto, narrativa contemporánea en su Biblioteca Brodie.

Poesía digital
Leonor Medel, una de las artífices de Musa a las 9, destaca la defensa de los derechos de autor como columna central de su proyecto, clave para el saneamiento legal de una industria editorial que achique el espacio de los piratas: “Las reacciones de la industria muchas veces no parecen responder al presente que vivimos, pero, si cada vez que alguien arriesga con una nueva propuesta de descargas legales, tenemos a todo un sector buscando la manera de reventar un modelo que protege la propiedad intelectual para lucrarse a costa del trabajo de los demás, bajo la falsa apariencia de la gratuidad, se plantea un problema que debemos solucionar. Nosotros evitamos el DRM, bajamos precios, pensamos en nuevas formas de facilitar el acceso y tratamos de ofrecer contenidos exclusivos y de calidad”.

Ejemplo innovador y a la vez expresivo de las contradicciones actuales que fusiona editorial y librería digital es Luarna. Como sello editor de ebooks ofrece títulos muy baratos sin ningún tipo de protección o DRM. Como e-librería venden títulos también de otras editoriales a través de agregadoras bien conocidas como Libranda y Publidisa ciñéndose a las condiciones que los grandes imponen: precios altos y Adobe DRM como sistema de protección ( ¿Y cuales son las diferencias entre ambos canales de venta? Seria interesante conocerlas ). Antonio Quirós se lamenta de que en las circunstancias actuales apenas se les permita diferenciarse: “Tenemos una ley del libro que marca cosas como el precio fijo que dificultan la competencia. Nosotros siempre hemos dicho que hay tres claves para que los ebooks se difundan: precios adecuados, sistemas de protección no intrusivos y amplia oferta de contenidos”. 

La veterana Libros en Red, con once años ya de historia, es otro ejemplo de librería y editorial digital que apuesta por la calidad del ebook, tan dejada de mano en el proceso masivo por el que los sellos están trasvasando su fondo de papel a digital sin observar en más ocasiones de las deseables, un mínimo cuidado. Ivana Basset explica que su papel debe ser “agregar valor a los textos que escriben los autores. Cualquiera puede convertir un word en un PDF y subirlo a Internet. Nosotros buscamos aportar calidad y riqueza al texto original por distintas vías: el trabajo en el texto para que esté correcto, sea claro y resulte placentero de leer; el diseño profesional de la cubierta; la diagramación y configuración necesarias para que, como archivos, los libros puedan leerse en los soportes más usados del momento (tabletas, teléfonos inteligentes, Kindle...)". "

Viva la Pepa. Leetela ya.

Posiblemente los fragmentos escojidos ven una idea sesgada de esa Constitucion de la que todos hablan bien y que ignoro si conocen ( como los billetes de 500 € ). Asi que, ya sabes.

LEETELA.

Y de paso, las otras tambien.

Viva la Pepa. Firmando.

Cádiz, 18 de Marzo de 1812.--Vicente Pascual, Diputado por la ciudad de Teruel,
presidente.--(Siguen las firmas de los Sres. Diputados)--José María Gutiérrez de Terán,
Diputado por Nueva España, secretario.—José Antonio Navarrete, Diputado por el Perú,
secretario.—José de Zorraquin, Diputado por Madrid, secretario.—Joaquín Díaz Caneja,
Diputado por León, secretario.”
Por tanto, mandamos a todos los españoles nuestros súbditos, de cualquiera clase y
condición que sean, que hayan y guarden la Constitución inserta, como ley fundamental
de la Monarquía, y mandamos asimismo a todos los Tribunales, Justicias, Jefes,
Gobernadores y demás Autoridades, así civiles como militares y eclesiásticos, de
cualquiera clase y dignidad, que guarden y hagan guardar, cumplir y ejecutar la misma
Constitución en todas sus partes.
Tendréislo entendido y dispondréis lo necesario a su cumplimiento, haciéndolo imprimir,
publicar y circular.—Joaquín de Mosquera y Figueroa, presidente.—Juan
Villavicencio.—Ignacio Rodríguez de Rivas.—El Conde del Abisbal.
En Cádiz a 19 de Marzo de 1812.—A. D. Ignacio de la Pezuela.

Viva la Pepa. Libertad de expresion.

Art. 371.
Todos los españoles tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin
necesidad de licencia, revisión o aprobación alguna anterior a la publicación, bajo las
restricciones y responsabilidad que establezcan las leyes.

Viva la Pepa. Educacion para la ciudadania.

Art. 366.
En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las
que se enseñará a los niños a leer, escribir y contar, y el catecismo de la religión católica,
que comprenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles.

Viva la Pepa. Contribuyendo.

Art. 338.
Las Cortes establecerán o confirmarán anualmente las contribuciones, sean directas o
indirectas, generales, provinciales o municipales, subsistiendo las antiguas, hasta que se
publique su derogación o la imposición de otras.

Art. 339.
Las contribuciones se repartirán entre todos los españoles con proporción a sus
facultades, sin excepción ni privilegio alguno.

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Viva la Pepa. Igualdad ante los tribunales.

Art. 248.
En los negocios comunes, civiles y criminales no habrá más que un solo fuero para toda
clase de personas.

Art. 249.
Los eclesiásticos continuarán gozando del fuero de su estado, en los términos que
prescriben las leyes o que en adelante prescribieren.

Art. 250.
Los militares gozarán también de fuero particular, en los términos que previene la
ordenanza o en adelante previniere.

Viva la Pepa. Formando el Consejo de Estado.

Art. 231.
Habrá un Consejo de Estado compuesto de cuarenta individuos, que sean ciudadanos en
el ejercicio de sus derechos, quedando excluidos los extranjeros, aunque tengan carta de
ciudadanos.

Art. 232.
Estos serán precisamente en la forma siguiente, a saber: cuatro eclesiásticos, y no más,
de conocida y probada ilustración y merecimiento, de los cuales dos serán Obispos;
cuatro Grandes de España, y no más, adornados de las virtudes, talento y conocimientos
necesarios, y los restantes serán elegidos de entre los sujetos que más se hayan
distinguido por su ilustración y conocimientos, o por sus señalados servicios en alguno de
los principales ramos de la administración y gobierno del Estado. Las Cortes no podrán
proponer para estas plazas a ningún individuo que sea Diputado de Cortes al tiempo de
hacerse la elección. De los individuos del Consejo de Estado, doce, a lo menos, serán
nacidos en las provincias de Ultramar.

Viva la Pepa. Del Rey y sus dineros.

Art. 213.
Las Cortes señalarán al Rey la dotación anual de su casa, que sea correspondiente a la
alta dignidad de su persona.

Art. 214.
Pertenecen al Rey todos los Palacios Reales que han disfrutado sus predecesores, y las
Cortes señalarán los terrenos que tengan por conveniente reservar para el recreo de su
persona.

Art. 215.
Al Príncipe de Asturias, desde el día de su nacimiento, y a los
Infantes e Infantas, desde que cumplan siete años de edad, se asignará por las Cortes,
para sus alimentos, la cantidad anual correspondiente a su respectiva dignidad.

Art. 216.
A las Infantas, para cuando casaren, señalarán las Cortes la cantidad que estimen en
calidad de dote, y entregada ésta, cesarán los alimentos anuales.

Art. 217.
A los Infantes, si casaren mientras residan en las Españas, se les continuarán los
alimentos que les estén asignados, y si casaren y residieren fuera, cesarán los alimentos,
y se les entregará por una vez la cantidad que las Cortes señalen.

Art. 218.
Las Cortes señalarán los alimentos anuales que hayan de darse a la
Reina viuda.

Art. 219. Los sueldos de los individuos de la Regencia se tomarán de la dotación
señalada a la casa del Rey.

Art. 220. La dotación de la casa del Rey y los alimentos de su familia, de que hablan los
artículos precedentes, se señalarán por las Cortes al principio de cada reinado, y no se
podrán alterar durante él.

Art. 221. Todas estas asignaciones son de cuenta de la tesorería nacional, por la que
serán satisfechas al administrador que el Rey nombrare, con el cual se entenderán las
acciones activas y pasivas que por razón de intereses puedan promoverse.

Viva la Pepa. Igualdad y matrimonio.

Art. 183.
Cuando la Corona haya de recaer inmediatamente o haya recaído en hembra, no podrá
ésta elegir marido sin consentimiento de las Cortes, y si lo contrario hiciere, se entiende
que abdica la Corona.

Art. 184.
En el caso en que llegue a reinar una hembra, su marido no tendrá autoridad ninguna
respecto del Reino, ni parte alguna en el Gobierno.

Viva la Pepa. Regias limitaciones.

Art. 172.
Las restricciones de la autoridad del Rey son las siguientes:
Primera. No puede el Rey impedir, bajo ningún pretexto, la celebración de las Cortes en
las épocas y casos señalados por la Constitución, ni suspenderlas ni disolverlas, ni en
manera alguna embarazar sus sesiones y deliberaciones. Los que le aconsejasen o
auxiliasen en cualquier tentativa para estos actos, son declarados traidores y serán
perseguidos como tales.
Segunda. No puede el Rey ausentarse del Reino sin consentimiento de las
Cortes, y si lo hiciere, se entiende que ha abdicado la Corona.
Tercera. No puede el Rey enajenar, ceder, renunciar, o en cualquiera manera traspasar a
otro la autoridad real, ni alguna de sus prerrogativas. Si por cualquiera causa quisiere
abdicar el trono en el inmediato sucesor, no lo podrá hacer sin el consentimiento de las
Cortes.
Cuarta. No puede el Rey enajenar, ceder o permutar provincia, ciudad, villa o lugar, ni
parte alguna, por pequeña que sea, del territorio español.
Quinta. No puede el Rey hacer alianza ofensiva, ni tratado especial de comercio con
ninguna potencia extranjera, sin el consentimiento de las Cortes.
Sexta. No puede tampoco obligarse por ningún tratado a dar subsidios a ninguna
potencia extranjera sin el consentimiento de las Cortes.
Séptima. No puede el Rey ceder ni enajenar los bienes nacionales sin consentimiento de
las Cortes.
Octava. No puede el Rey imponer por sí, directa ni indirectamente, contribuciones, ni
hacer pedidos bajo cualquier nombre o para cualquier objeto que sea, sino que siempre
los han de decretar las Cortes.
Novena. No puede el Rey conceder privilegio exclusivo a persona ni corporación alguna.
Décima. No puede el Rey tomar la propiedad de ningún particular ni corporación, ni
turbarle en la posesión, uso y aprovechamiento de ella, y si en algún caso fuere necesario
para un objeto de conocida utilidad común tomar la propiedad de un particular, no lo
podrá hacer sin que al mismo tiempo sea indemnizado y se le dé el buen cambio a bien
vista de hombres buenos.
Undécima. No puede el Rey privar a ningún individuo de su libertad, ni imponerle por sí
pena alguna. El Secretario del Despacho que firme la orden, y el Juez que la ejecute,
serán responsables a la Nación, y castigados como reos de atentado contra la libertad
individual. Sólo en caso de que el bien y seguridad del Estado exijan el arresto de alguna
persona, podrá el Rey expedir órdenes al efecto; pero con la condición de que dentro de
cuarenta y ocho horas deberá hacerla entregar a disposición del tribunal o juez
competente.
Duodécima. El Rey, antes de contraer matrimonio, dará parte a las Cortes, para obtener
su consentimiento, y si no lo hiciere, entiéndese que abdica la Corona.

Art. 173.
El Rey, en su advenimiento al trono, y si fuere menor, cuando entre a gobernar el Reino,
prestará juramento ante las Cortes bajo la fórmula siguiente:
“N. (aquí su nombre), por la gracia de Dios y la Constitución de la Monarquía
española, Rey de las Españas; juro por Dios y por los Santos Evangelios que defenderé y
conservaré la religión Católica, Apostólica, Romana, sin permitir otra alguna en el Reino;
que guardaré y haré guardar la Constitución política y leyes de la Monarquía española, no
mirando en cuanto hiciere sino al bien y provecho de ella; que no enajenaré, cederé ni
desmembraré parte alguna del Reino; que no exigiré jamás cantidad alguna de frutos,
dinero ni otra cosa, sino las que hubieren decretado las Cortes; que no tomaré jamás a
nadie su propiedad, y que respetaré sobre todo la libertad política de la Nación y la
personal de cada individuo; y si en lo que he jurado, o parte de ello, lo contrario hiciere,
no debo ser obedecido, antes aquello en que contraviniere, sea nulo y de ningún valor.
Así, Dios me ayude y sea en mi defensa, y si no, me lo demande.”

Viva la Pepa. Sancionando leyes.

Art. 142.
El Rey tiene la sanción de las leyes.

Art. 143.
Da el Rey la sanción por esta fórmula, firmada de su mano:
“Publíquese como ley”.

Art. 144.
Niega el Rey la sanción por esta fórmula igualmente firmada de su mano: “Vuelva a las
Cortes”; acompañado al mismo tiempo una exposición de las razones que ha tenido para
negarla.

Art. 145.
Tendrá el Rey treinta días para usar de esta prerrogativa: si dentro de ellos no hubiere
dado o negado la sanción, por el mismo hecho se entenderá que la ha dado, y la dará en
efecto.

Art. 146.
Dada o negada la sanción por el Rey, devolverá a las Cortes uno de los originales con la
fórmula respectiva, para darse cuenta en ellas. Este original se conservará en el archivo
de las Cortes, y el duplicado quedará en poder del Rey.

Art. 147.
Si el Rey negare la sanción, no se volverá a tratar del mismo asunto en las Cortes de
aquel año; pero podrá hacerse en las del siguiente.

Viva la Pepa. Incompatibilidades.

Art. 95.
Los Secretarios del Despacho, los Consejeros de Estado y los que sirven empleos de la
Casa Real no podrán ser elegidos Diputados de Cortes.

Art. 96.
Tampoco podrá ser elegido Diputado de Cortes ningún extranjero, aunque haya obtenido
de las Cortes carta de ciudadano.

Art. 97.
Ningún empleado público nombrado por el Gobierno podrá ser elegido Diputado de
Cortes por la provincia en que ejerce su cargo.

 

Viva la Pepa. Condiciones de elegibilidad.

Art. 91.
Para ser Diputado a Cortes se requiere ser ciudadano que está en el ejercicio de sus
derechos, mayor de veinticinco años, y que haya nacido en la provincia o esté
avecindado en ella con residencia, a lo menos, de siete años, bien sea del estado seglar
o del eclesiástico secular; pudiendo recaer la elección en los ciudadanos que componen
la junta, o en los de fuera de ella.

Art. 92.
Se requiere, además para ser elegido Diputado de Cortes, tener una renta anual
proporcionada, procedente de bienes propios.

Art. 93.
Suspéndese la disposición del artículo precedente hasta que las Cortes que en adelante
han de celebrarse declaren haber llegado ya el tiempo de que pueda tener efecto,
señalando la cuota de la renta y la calidad de los bienes de que haya de provenir; y lo que
entonces resolvieren se tendrá por constitucional, como si aquí se hallara expresado.

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Viva la Pepa. Reuniendose.

Art. 47.
Llegada la hora de la reunión, que se hará en las Casas consistoriales o en el lugar
donde lo tengan de costumbre, hallándose juntos los ciudadanos que hayan concurrido,
pasarán a la parroquia con su presidente, y en ella se celebrará una misa solemne de
Espíritu Santo por el cura párroco, quien hará un discurso correspondiente a las
circunstancias.

Art. 48.
Concluida la misa, volverán al lugar de donde salieron, y en él se dará principio a la junta,
nombrando dos escrutadores y un secretario de entre los ciudadanos presentes, todo a
puerta abierta.

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